Cueva, Yacimiento de Es Culleram

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Es Culleram (I)

La cueva de es Culleram, es uno de los yacimientos clásicos de la arqueología pitiusa. Se encuentra en la finca can Quintals, no lejos de la cima de una colina cubierta de pinos y de la vegetación arbustiva característica de Ibiza y 150 m aproximadamente sobre el nivel de mar.

Orográficamente se trata de una cordillera que finaliza en sa punta Grossa, que limita por el norte con la cala de San Vicente y define un canal profundo y largo. En concreto es Culleram queda a 1.600 m de dicha cala en dirección W.

Desde el punto de vista arqueológico el yacimiento fue descubierto en 1907, a raíz de la noticia de que a menudo se encontraban figuras de terracota en el interior de una cueva, información que llegó a la Societat Arqueològica Ebusitana por boca de campesinos de aquel entorno. Es probable que la etimología del topónimo tenga relación con el descubrimiento de numerosos fragmentos de cerámica, que debían parecer cucharas o fragmentos de cucharas.

Esta sociedad realizó ese mismo año una gran campaña de excavaciones, que llevó al descubrimiento de materiales espectaculares. Carlos Román, en uno de sus trabajos, habla de aproximadamente 600 terracotas completas, 1.000 cabecitas de otras figuras fragmentadas, un altar votivo, betilos -piedras sagradas- y un león esculpido en hueso o marfil. Dos años después, en 1909, Antoni Vives Escudero realizó otra campaña en la que descubrió otras piezas de terracota y señaló la presencia de cerámica hecha a mano de tipo prehistórico.

Durante las décadas de los años treinta, cuarenta y cincuenta -en las que no se hicieron intervenciones arqueológicas oficiales- el yacimiento fue sometido a expolios vandálicos. Parece evidente que las investigaciones clandestinas se centraron en la primera sala natural -que, desde tiempo inmemorial, se encontraba completamente derruida- y que para hacer aflorar el espacio de los grandes y numerosos bloques de piedra desprendidos, a menudo se utilizaron explosivos. Esto dio pie a la creencia popular -muy arraigada, pero inexacta- que la cueva había sido del todo alterada y dañada en relación al momento de su descubrimiento.

Los años 1965 y 1968 María José Almagro Gorbea y Epifanio Fortuny, varón de Esponellà, ya realizaron dos campañas. Estas campañas llevaron al descubrimiento de dos medallones de oro figurados y terracotas, la mayor parte en estado fragmentado.

En 1981 se realizó una nueva campaña arqueológica oficial dirigida por Joan Ramon Torres que tuvo como máximo objetivo no la búsqueda de nuevos elementos muebles, sino el estudio del santuario por sí mismo, es decir, de la topografía y de la estructura del recinto.

También hay que mencionar, ya que se trata de una pieza clave en la interpretación de las funciones del yacimiento de la cueva Culleram, el descubrimiento casual, en 1917, en las terreras de las excavaciones anteriores, de una plaqueta de bronce con dos inscripciones, una en cada cara, respectivamente de época púnica y tardopúnica.

Por otra parte, hay que decir que los hallazgos realizados en este lugar fueron objeto de diferentes estudios. Carlos Román publicó en su obra Antigüedades Ebusitanas (1913) una numerosa colección de imágenes fotográficas y, en general, muchas de las terracotas han sido reproducidas en obras científicas o divulgativas de diferentes tipos.

Hay que mencionar, por otra parte, algunas monografías, como las de María Eugenia Aubet Semmler y J. Ramón, dejando de lado diferentes memorias de excavaciones, como las de M. J. Almagro, E. Fortuny y J. Ramon.

En su etapa de plenitud, los s III y II aC, se distingue en el recinto de es Culleram una parte de obra artificial y otra de adaptada a la cueva natural. Hay que decir, en primer lugar, que en la fase más antigua (s V y IV aC) quizás sólo la cueva estaba habilitada como santuario

Pero en época tardopúnica una serie de construcciones -el punto de acceso a la cavidad, como la cisterna, la sala artificial y posiblemente otros desaparecidos- debían configurar una especie de vestíbulo.

Entonces el espacio estaba seguramente dividido en tres unidades: este vestíbulo, una sala intermedia (ceja) y una interior, el sanctasanctórum. Esto no significa, sin embargo, que su función no fuera diferente. Cabe señalar que las dos cámaras naturales también están subcompartimentadas en otras pequeñas salitas igualmente naturales, de formación clástica (cortinas a modo de muros de estalagmitas).

Más en detalle, puede añadirse que la cisterna se debía alimentar del agua de lluvia caída sobre la azotea de una sala artificial anexa. De la cisterna, queda únicamente el fondo, con una planta rectangular de ángulos redondeados y 4'30 m de longitud. Está impermeabilizada con mortero de arcilla y cal.

La dependencia anexa presenta un fondo, al menos parcialmente, cortado en la roca y es difícil saber su superficie global a causa de haberse arrasado una parte imprecisable.
La segunda sala -de unos 25 m2 de superficie-, ya es cueva natural. Tiene una topografía irregular y, antes del derribo del techo, estaba poblada por diferentes columnas de estalagmitas.

La tercera sala, la más interior, también estrictamente natural, es hoy la única que se conserva más o menos intacta. Configura un espacio ancho y con un techo inclinado. Se fue separando de la que convencionalmente ha sido llamada sala segunda, a través de los siglos y de manera progresiva, mediante la formación de una gran cortina clástica que acabó por compartimentar lo que en un principio había sido una cavidad única.

Esta sala interior presenta una gran losa desprendida del techo que descansa en el fondo y el lateral N de la sala. Sin duda se encuentra en esta misma posición desde antes que el hombre ocupase el lugar, según se deduce de las importantes formaciones clásticas que se sobreponen.

Es Culleram (II)

En el ámbito histórico, se ha podido distinguir dos grandes etapas en la ocupación de la cueva: una prehistórica y otra correspondiente al santuario de época púnica.

La primera es patente en los diversos fragmentos de cerámica hecha a mano localizados al nivel inferior de la sala interna, muchos de ellos ya incrustados en las capas clásticas consolidadas. La tipología del material -bolas, vasos con pezones perforados, aparte de la noticia de un hacha de piedra pulimentada que dio Artur Pérez-Cabrero Tur - parece propia de la época calcolítica (eneolítico) y / o del bronce antiguo con cronología de los primeros siglos de la primera mitad del II milenio aC. La cueva entonces debía ser un lugar de habitación con paralelismos con otras cuevas pitiusas, como la cueva XIV, la cueva Regals, tal vez la cueva des Pi y otros, en cuanto a Ibiza.

La época púnica de la cueva -la que más ha trascendido desde el punto de vista arqueológico- debió comenzar en la segunda mitad del s V aC. El anverso de la placa de bronce mencionada antes parece reflejar la dedicatoria del santuario hecha por parte de un personaje llamado 's'dr, hijo de Ya'as ay -que era hijo de brgd y nieto de' Eshmunhilles-, realizada al Resef Melkart. Todo ello según algunas interpretaciones que pueden calificarse de tradicionales, mientras que otras, mucho más recientes, interpretan el mismo texto como una dedicatoria a Eresh, fundador de la ciudad, lo que evidentemente plantearía problemas de interpretación histórica de alcance más amplio.

En esta etapa inicial el santuario tal vez era sencillamente la cavidad natural sin habilitaciones -o las mínimas- hechas por la mano del hombre. A partir de un momento indeterminado del siglo III aC -más probablemente a finales de la centuria- se produjeron algunas mutaciones presumiblemente importantes. Por ello, es también fundamental el texto escrito en grafía tardopúnica en el reverso de la plaqueta de bronce. Este texto parece conmemorar una dedicatoria hecha por un personaje llamado Abdeshmun -hijo de Azarbaal-, que era sacerdote. Hay controversias en cuanto a decidir si en la consiguiente referencia a Tanit (que es calificada de "nuestra señora" y de "poderosa") esta divinidad femenina juega en el texto el papel de ofrendado o, al contrario, el oferente es sacerdote de su culto. Tras Tanit es mencionado Gad, una semidivinidat o un espíritu, tal vez protector.

También existen diferentes posiciones entre los epigrafistas cuanto a interpretar la ofrenda -o, literalmente, la acción, dedicación y reparación- como un muro de piedra tallada, una estatua o la reparación de un robo.

Es tentador dar por buena la versión que entendería la ofrenda como un muro de piedra tallada porque se documenta en la zona de acceso al recinto una sala artificial con muros parcialmente tallados en la roca base y parcialmente construidos con mampostería de piedra. Esta sala, la de la cisterna y posiblemente otros elementos arquitectónicos artificiales, desaparecidos por la fuerte erosión, y la evidencia de sacerdotes, como el mismo Abdeshmun, o la gran cantidad de exvotos de los s III-II aC, parecen indicar que lo que en un principio no era sino un modesto santuario, se había convertido en un verdadero templo con un cierto grado de organización.

Los elementos más destacados en relación a los cultos y a la organización interna del santuario Culleram son, por un lado, la numerosísima colección de exvotos de terracota, y por el otro los pequeños altares y posibles betilos, algunas monedas y una masa muy considerable de huesos quemados y cenizas, seguramente de animales.

La explicación de la mecánica de funcionamiento en la época de plenitud del templo pasa por hacer una observación importante: al menos la sala más interior de la cueva natural fue utilizada como lugar de deposición de los exvotos y huesos quemados. De hecho, las excavaciones de comienzos del siglo XX ya detectaron una profunda capa de terracotas, huesos y otros materiales mezclados con cenizas. No hay otra explicación que admitir que era un estrato ya formado cuando se produjo el abandono del santuario y que así permaneció hasta el descubrimiento de la cueva. Se trataría, seguramente, de una acumulación progresiva, configurada sacrificio tras sacrificio.

Estos sacrificios, que implicaban la combustión de las víctimas animales, debían haberse realizado en un espacio libre exterior, evidentemente la zona del vestíbulo artificial. Es también muy lógico suponer que los exvotos de terracota debían presidir los sacrificios y que posteriormente debían ser mezclados con las brasas y los rescoldos -lo que explica que a menudo aparezcan total o parcial quemados-, y que todo junto debía ser ldepositadoen la cámara interior .

Una parte muy importante de los exvotos de terracota pertenece al modelo de busto cubierto con mantón alado que representa una figura femenina con trenzas, en la mayor parte de casos llevando Kalathos en la cabeza. En conjunto, responden a una tipología exclusiva de este santuario, lo que obliga a pensar en un taller vinculado al mismo templo y una venta específica a los fieles para los cultos en este lugar.

Es posible que las imágenes fueran suministradas en las ceremonias rituales de las que estaban a cargo del templo y que todo figurase bajo una tarifa única por el sacrificio y los elementos complementarios que debía ser desembolsada por los fieles.

Un tema importante es el alcance cultual del santuario Culleram o, dicho en otras palabras, desde dónde acudían devotos. ¿Era un santuario de los habitantes del canal de sa Cala o también era frecuentado por otras personas de Ibiza e, incluso, navegantes del exterior? Una respuesta contundente es difícil de dar.

Hay que considerar, en primer lugar, que en su modalidad este recinto constituye un ejemplar único, al menos con respecto a la isla de Ibiza, y que, por tanto, son difíciles de trazar paralelismos con otros casos. Hay que considerar que el canal de sa Cala estaba muy poblado en época púnica, según han demostrado las investigaciones recientes. Es posible, en definitiva, que las dos posibilidades no sean excluyentes.

Es Culleram (III)

¿Cuál era la intensidad ritual, es decir, cuántas ofrendas-sacrificio se hacían por año? Existen algunos elementos a considerar: una cifra de aproximadamente 1.800 exvotos a dividir por un número de años calculable entre un máximo de 200 y un mínimo de 125, si se tiene en cuenta que la mayor parte de las terracotas podría fecharse entre el 325-300 y el 200-175 aC. Si se acepta la hipótesis -probable pero no demostrada- de un exvoto de terracota por ofrenda, resultarían entre 9 y 14'4 sacrificios anuales. Es posible, sin embargo, que en algunas etapas de este margen temporal teórico hubiera lapsos de mayor intensidad y que existieran sacrificios que no comportasen la ofrenda de figuras de terracota, sino de animales u otros elementos que el tiempo ha hecho desaparecer y por tanto, serían del todo incomputables.

Las figuras de terracota han sido objeto de diferentes estudios y clasificaciones por parte de la investigación actual. Las de tipo acampanado, fabricadas con doble molde, fueron clasificadas por José María Mañá de Angulo (1947), quien distinguió una serie de tipos; M. E. Aubet (1969 y 1982) hizo lo mismo con 26 tipos; y M. J. Almagro ya añadió tres tipos, creando una clasificación diferente, con un total de 29, que en algunos casos coincide con la de Aubet y en otros no.

Estas clasificaciones tienden a subdividir las terracotas según elementos de detalle. Estos son, principalmente, los símbolos religiosos -crecientes lunares, discos solares, caduceos- u ornamentales -rosetas, las flores de Lis- y la configuración y / o ornamentación peculiar de los mantones alados, la presencia o no de Kalathos, así como su morfología, etc. Se aprecia en algunos casos -lo que no deja de ser lógico- varias figuras fruto de un mismo molde, aunque también es cierto que muchas fueron el resultado de matrices diferentes.

Es también muy característico otro grupo de figuras (II de Aubet), con tan solo cuatro unidades, muy por debajo del anterior. Este grupo se define por terracotas que representan una misma divinidad femenina entronizada, muy similares entre sí, que recuerdan las figuras acampanadas cuanto los Kalathos y los peinados con dos trenzas.

Otra variedad de figuras que se encuentra en el santuario Culleram es la constituida por las hechas con un solo molde, para ser vistas frontalmente. Mientras que los dos grupos anteriores de figuras son privativos de este santuario, éste -incluso en el III de Aubet- responde a morfologías comunes en toda la Ibiza tardopúnica. Se trata en todos los casos de estilos de clara derivación helenística.

Han sido también objeto de subclasificación por parte de algunos de los autores antes mencionados. Así puede hacerse mención de piezas de terracotas femeninas con la figuración del cuerpo completo llevando diferentes atributos como un tamboril, la doble flauta o un cerdito y una antorcha. Se trata de figuraciones que en el mundo griego representan a Deméter y, en el caso de figuraciones dobles, a Deméter y Coré. Sin embargo, es muy probable que estas figuras en el marco de la Ibiza púnica y también del santuario Culleram fueran asimiladas a la diosa Tanit.

Queda también por mencionar la serie de pebeteros, encontrados en este lugar en número inferior a las diez unidades. Son representaciones de rostros femeninos que llevan en la parte superior de la cabeza una especie de copa con agujeros que se supone que era para quemar perfumes. Los rostros son también de estilo helenístico, con mayor o menor grado de calidad estilística en la ejecución de las piezas, hechas en los talleres ibicencos. Al igual que en el caso anterior, se encuentran terracotas de este tipo en otros contextos punicoebusitanos.

Finalmente, existen otras figuras de estilos diferentes, como una mujer con falda larga hasta los pies. Entre el resto de materiales encontrados en el yacimiento Culleram destacan, aparte de la plaqueta de bronce inscrita ya comentada, un león de marfil sentado sobre las dos patas traseras que apareció bastante quemado en la excavación de principios del siglo XX y dos medallas repujadas en lámina fina de oro. Una de ellas está decorada con un rostro barbudo visto de perfil -que se ha querido asimilar a Melkart- y la otra con uraeus y motivos florales. Es destacable también la presencia de algunos pequeños altares de piedras cónicas que, probablemente, eran betilos, piedras con carácter sagrado.

Desde una perspectiva histórica parece seguro que los cultos en es Culleram se inician ya avanzado el s V aC y que el lugar se consolida como templo con construcciones artificiales y la presencia -o, al menos, la vinculación- de sacerdotes los s III y II aC. Los datos arqueológicos -y especialmente la reducción drástica de elementos materiales, terracotas u otros- apuntan que este momento álgido termina a finales del siglo II aC.

Como explicación del fenómeno, los investigadores han utilizado diferentes hipótesis. Una de ellas sería la de un gran incendio, relacionable con la época de la conquista de las Baleares por los romanos (123 aC), que habría puesto fin al santuario. Hay que observar, sin embargo, que este incendio no parece un fenómeno producido de una sola vez sino que, como se ha dicho antes, los materiales se quemaban junto con la combustión de los sacrificios. Esto lo demuestra el hecho de que existen materiales de cronología antigua -como ánforas T-8.1.1.1. del siglo IV aC- también quemados que hacen difícil admitir una simultaneidad del fuego.

Otra hipótesis, tal vez más verosímil, tiende a vincular el fin del santuario con un derribo irreversible de la cueva natural, por la cesión de las diaclasas. Este hecho -una vez aclarado que no fue el uso moderno de los explosivos del agente del derribo principal- explicaría, entre otras cosas, que el templo no se rehiciera nunca más, porque de la época imperial romana sólo se documenta en unas pocas piezas de material cerámico -como llumeners- que, como máximo, podrían atestiguar acciones individualizadas de devoción y no la continuidad de un culto estrictamente organizado.
Joan Ramon Torres [Jort]
Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera
Fotos: Joan Ramon Torres



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