La Ilustración en Ibiza y Formentera

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Miquel Gaietà Soler i Rabassa

La Ilustración (I)

La Ilustración fue una corriente de pensamiento que se difundió en Europa a lo largo del siglo XVIII y que se fundamenta en la razón del hombre y la investigación científica, poniendo en cuestión todos los dogmas y todo lo que no puede demostrarse empíricamente.

En el caso del Estado español, la Ilustración llegó con algunos de los monarcas borbónicos de la segunda mitad del siglo XVIII y en las islas Baleares (en concreto en Mallorca y las Pitiusas, porque Menorca estaba bajo dominio inglés), esta corriente se desarrolló a un nivel más teórico que práctico, porque si bien las ideas fueron muchas, su plasmación, en cambio, fue escasa.

Además, la Ilustración, tanto en el conjunto del Estado español como en Baleares, nunca llegó a tener unos planteamientos revolucionarios. Lo que querían hacer era cambiar para mejorar la situación existente, pero manteniendo el dominio de la nobleza sobre el conjunto de la sociedad.

El momento álgido de la Ilustración en el Estado español coincidió con el reinado de Carlos III (1759-1788). Para su difusión se crearon las llamadas Sociedades Económicas de Amigos del País, que tenían como finalidad la mejora de la agricultura, el comercio y la industria. Una muestra de su éxito se puede encontrar en el hecho de que en 1789 había un total de cincuenta y seis. Una de ellas se fundó en la isla de Mallorca, con unas finalidades similares a las del resto de sociedades de este tipo.

Un elemento a destacar de entre sus propuestas es la petición de libertad total para el comercio, entendida tanto en lo que se refiere a las importaciones como a las exportaciones. El comercio de determinados productos, especialmente en lo que se refiere a la exportación de productos alimenticios, tenía toda una serie de restricciones, con el fin de evitar el desabastecimiento de los mercados locales.

La propuesta que hicieran los ilustrados ibicencos irá en esta misma línea. Incluso, entre sus propuestas se hablaba de crear un tejido industrial que cubriera la isla y que llegara a exportar al exterior. Sin embargo, el triunfo de la Revolución Francesa en 1789 hizo que la corte considerase peligrosas y revolucionarias las ideas de los ilustrados y, poco a poco, sus actividades se fueron reduciendo.

En el caso concreto de Ibiza y Formentera, si bien el movimiento ilustrado como tal se desarrolló a partir de 1785, existe un precedente a partir de 1761 con la estancia en Ibiza de un gobernador de cariz ilustrado, el conde de Croix (Francisco Croix). Éste ocupó su cargo hasta 1765, y en los escasos cinco años que residió en las islas Pitiusas intentó hacer diferentes propuestas de mejora que fueron en su mayor parte coincidentes con las que se hicieron a finales del siglo XVIII.

Las primeras propuestas hacían referencia a Vila, el casco urbano. Su propuesta era solucionar el problema del agua potable porque, con excepción de algunas casas que tenían aljibes, en las restantes se llevaba agua a lomos de mula desde los pozos situados en el Pla de Vila. Lo que se pretendía era realizar una conducción de agua en la ciudad, y desde ese punto repartirla en todas las casas. En cuanto a este tema concreto, no llegó a hacerse nada, pero más adelante fue una de las grandes obras de final de siglo, en la segunda fase de la Ilustración.

En el campo de la educación promovió una petición del Ayuntamiento a la corte para que el rey concediera una pensión de mil pesos, con el fin de crear un estudio general, que estaría en el convento de los jesuitas y que permitiría a los ibicencos estudiar sin tener que salir de la isla.

Si en la ciudad los objetivos eran el abastecimiento de agua potable y el intento de mejora del sistema educativo, en el mundo rural eran mucho más ambiciosos. La primera de sus propuestas consistía en la puesta en cultivo de nuevas tierras, para así poder aumentar las producciones agrarias. Además de esta medida, intentó favorecer la introducción del cultivo del almendro, que en aquella época tenía una muy escasa penetración en las islas Pitiusas. Esta propuesta iba reforzada por una serie de medidas que, si bien por una lado ofrecían un premio de cien libras a aquellos que tuvieran el mejor sembrado de almendros, por otra amenazaba con una multa de la misma cantidad a todos aquellos que no pongan en cultivo un grupo de ellos.

Uno de los temas que obsesionaban al conde de Croix (y que después reanudó a final de siglo el obispo Manuel Abad y Lasierra) fue el de la dispersión del poblamiento de Ibiza y Formentera. Su propuesta era crear diferentes pueblos y concentrar en ella toda la población que vivía dispersa en el campo. Bajo los principios de educar y civilizar a la población se escondía un intento de tener un mayor control en el mundo rural, mucho más fácil si se conseguía agruparla. Esa idea no pasó de ser una propuesta más.

La fase realmente importante de la Ilustración pitiusa puede considerarse que se inició en febrero de 1784, con la llegada a la isla de Ibiza de Abad y Lasierra, primer obispo de Ibiza. Antes de ser nombrado obispo, Abad y Lasierra ya había aplicado las ideas ilustradas en Meià (Lleida). Una de las primeras cosas que hizo el nuevo obispo fue visitar las islas de Ibiza y Formentera, para poder estudiar los sitios más apropiados para la construcción de las nuevas parroquias. En 1785 publicó el decreto del plan parroquial, en el que se establecía la nueva demarcación eclesiástica de las Pitiusas y se crearon ocho nuevos templos rurales, además de los siete ya existentes.

Un tiempo antes, hacia finales de 1784, recibió la petición, por parte de la Real Academia de la Historia, de recoger los datos necesarios para poder incluir las islas de Ibiza y Formentera en el Diccionario geográfico y estadístico de España y Portugal, pero tardó casi año y medio en completar esta tarea.

Más adelante, el intendente del ejército en Mallorca envió un informe a la Corte con la propuesta de destinar un batallón a la isla de Ibiza para controlar a la población y, además, instruirla. Muy pronto el Consejo de Castilla pidió a Abad y Lasierra, en julio de 1785, un informe de la situación en la que se encontraban las islas de Ibiza y Formentera, para comprobar si eran verdaderas las quejas del intendente del ejército. Así se redactó el documento más importante referido a las Pitiusas de Abad y Lasierra: Breve noticia del estado natural, civil, militar y político que hoy tienen las islas de Ibiza y Formentera, con sus adyacentes. Este extenso documento es una descripción de la situación a finales del siglo XVIII en las islas, en opinión del obispo.

Consideraba que las islas eran fértiles, con posibilidad de ofrecer producciones agrarias más que suficientes para el mantenimiento de su población, pero que las pocas ganas de trabajar de los ibicencos y formenterenses eran la causa de la miseria existente. Las críticas del obispo se dirigían también contra el sistema legislativo vigente en las islas, especialmente contra las "Ordinacions", porque recogían la prohibición de realizar exportaciones de producciones agrarias. Según Abad y Lasierra, esto parecía hecho para hundir el comercio, provocando la caída de los precios y la desincentivación de los campesinos a sembrar. En realidad esta prohibición, vigente probablemente desde la Edad Media, quería impedir las exportaciones y especulaciones en tiempo de hambre.

La ciudad recibió también las críticas del obispo, que consideraba que tenía las casas mal situadas y con aspecto vulgar y, además, se quejaba de que las calles estaban siempre sucias. La propuesta del obispo en el Consejo de Castilla incluía, en primer lugar, la creación de una Junta de Gobierno que debía tener como primera finalidad el control de los precios de los productos básicos.

(EEiF) Ernest Prats Garcia [EPG]
Imagen superior:
Retrato de Miquel Gaietà Soler i Rabassa
Foto: Rafael Esteve (commons.wikimedia)

Manuel Abad y Lasierra

La Ilustración (II)

En aplicación de aquella propuesta, el Ayuntamiento de Ibiza vería reducidas de forma notable sus atribuciones. Además de ello, debería realizar un estudio completo de la situación de las islas de Ibiza y Formentera, y a partir de éste realizar un Plan de Mejoras. El mayor escollo que solían encontrar este tipo de propuestas era su financiación, pero el obispo no veía problemas, porque la dotación del Ayuntamiento era más que suficiente.

Tras realizar la propuesta, Abad y Lasierra dejó claro que su estado de salud le impedía presidir la Junta de Mejoras que él proponía.

Cinco meses después de haber redactado el obispo su informe, ya a finales de noviembre de 1785, el gobernador Juan de Sierra recibió unas instrucciones del monarca con el fin de mejorar la situación en las islas Pitiusas. En total el documento tenía once puntos cuyos más destacables tenían como finalidad la creación de una junta de autoridades formada por el gobernador, el obispo, el asesor, el brigadier de marina, dos capitanes de milicias, dos empleados de las rentas reales, dos ciudadanos bien situados y dos cónsules comerciales.

También figuran en el documento las funciones que se atribuían a este nuevo organismo. Debía procurar el abastecimiento de víveres, el fomento de las actividades marineras, mejorar las Salinas y favorecer todo tipo de industrias artesanales.

A la agricultura, elemento primordial en las propuestas de Abad y Lasierra, se dedicaron los dos últimos puntos de las instrucciones. Se pretendía fomentar la mejora de las técnicas agrarias y, especialmente, conseguir que la población dejara de vivir dispersa y se trasladara a vivir a pueblos.

Se ofreció la presidencia de este nuevo organismo al propio Abad y Lasierra, pero él se reafirmó en su negativa por motivos de salud. De hecho, el máximo responsable de la redacción del Plan de Mejoras y de todo el proceso que se desarrolló a continuación fue Miquel Gaietà Soler i Rabassa, de origen mallorquín, que fue destinado a Ibiza en 1784 como asesor del gobernador; era la persona que se encargaba de orientarle en la toma de las sentencias a los juicios en los que tenía competencias.

La junta de autoridades dedicó todas sus energías a la redacción del Plan de Mejoras. La primera reunión de este organismo se celebró el 16 julio de 1786; se crearon seis comisiones de trabajo, formadas por los miembros de la misma junta y otras personas que se consideraba que podían aportar ideas referidas a la temática a tratar. La primera de las comisiones era la de agricultura y sus propuestas ocuparon finalmente casi la mitad del plan. Estaba presidida por Miquel Gaietà Soler (que también fue responsable de la redacción del documento final del plan) y después de realizar un estudio introductorio alabando la gran productividad del campo de las islas y criticando las normas proteccionistas que impedían la exportación de productos agrarios (en especial las ordenaciones de 1686, todavía vigentes en parte), se pasaba a realizar toda una serie de propuestas de mejora, referidas a la agricultura, la ganadería y las industrias rurales.

No se dejaba de lado, tampoco, la necesidad de crear pueblos en el campo, para conseguir concentrar a sus habitantes en poblaciones, según ellos con el fin de mejorar las costumbres sociales. También se proponía, entre otras muchas cosas, la prohibición de llevar armas, especialmente para ir a misa y a las celebraciones.

El problema surgía con la necesidad de encontrar fondos para llevar adelante todo este ambicioso plan. Entre otras cosas, se establecían toda una serie de impuestos sobre el consumo de determinados productos.

El segundo de los cuatro planes estaba dedicado a la ciudad de Ibiza. Para su redacción se crearon dos comisiones, una llamada de caridad, presidida por el obispo Abad y Lasierra, y la otra llamada de policía, presidida por Miquel Gaietà Soler. De todas formas, se decidió que la redacción del plan, con las propuestas de las dos comisiones, tenía que hacerlo Miquel Gaietà Soler. En primer lugar, se hacía una descripción del funcionamiento del Ayuntamiento, con todos sus ingresos y gastos. Después se pasaba a realizar toda una serie de propuestas de mejora, empezando por la de las calles, creación de una red de alcantarillado en la Marina y el abastecimiento de agua a la ciudad, con la instalación de una fuente pública. Además, se intentaba mejorar el abastecimiento de víveres para la población, con el establecimiento de hornos públicos y una carnicería, y se establecía un mercado público semanal. Dentro del propio plan de la ciudad, se hablaba de la creación de una sociedad caritativa, destinada, entre otras cosas, a la formación de artesanos de entre los jóvenes que estaban en el hospicio y regular también el funcionamiento de esta institución. Como en el caso del plan dedicado a la agricultura, para poder cubrir los gastos provocados por el plan, se estableció también toda una serie de impuestos sobre el consumo de diferentes productos.

El tercero de los planes estaba dedicado al comercio, bajo la presidencia de Miquel Gaietà Soler, que se encargó de su redacción definitiva. Este plan se dividía en cuatro apartados. El primero de ellos estaba dedicado al Real Patrimonio, señalando cuáles eran sus propiedades en las islas, el segundo en las Reales Salinas (que es tal y como aparecen en el documento, después de su expropiación por parte de la corona en 1715), el tercero en las aduanas y el último en las rentas del tabaco. Entre las propuestas había algunas relacionadas con lo que se decía en el plan de agricultura, como la puesta en cultivo de nuevas tierras, destacando que la mayor parte de las tierras incultas estaban en los dominios reales. En cuanto a las Salinas, se señalaba que existían muchos lagos que no producían debido a su mal estado, por lo que se proponía su reparación, mejora de la productividad y comercialización del producto.

El último de los planes estaba dedicado al comercio, redactado por una comisión específica, presidida por Miquel Gaietà Soler. Tras criticar el abandono en el que se encontraba a finales del siglo XVIII, se hacía un análisis de todos los productos susceptibles de ser exportados y se señalaba como causa del retraso y la nula existencia de comercio el citado sistema de ordenaciones que impedía determinadas exportaciones de productos alimenticios. Todas las propuestas de mejora de las exportaciones estaban directamente relacionadas, como es de suponer, en el resto de planes, especialmente el de la agricultura. La lista de productos que se proponía exportar era larga; se llegaba incluso a comentar la posibilidad de exportación de granos hacia América. Se mencionaban un total de trece productos agrarios distintos, además de aquellos que aparecen como productos del reino mineral.

A estos cuatro planes, se añadía otro, el plan militar, enviado previamente a la corte a causa de su urgencia.

Como se puede comprobar con todo lo que acaba de explicarse, el verdadero responsable de todo el plan de mejoras, oficialmente llamado "Plan de Yviza", era Miquel Gaietà Soler, y no Abad y Lasierra, como a veces se ha dicho. Además, debido a su estado de salud, el obispo salió de Ibiza hacia finales de 1787. La respuesta de la corte al Plan de Mejoras llegó en septiembre de 1789, con una real orden en la que se aprobaba la propuesta, con una serie de matizaciones. Al frente de este importante plan se puso definitivamente Miquel Gaietà Soler, que por este motivo fue nombrado alcalde de la Real casa y Corte, Comisionado en las islas de Ibiza y Formentera, y la junta de autoridades, que hasta entonces es se había encargado de la redacción del plan y de velar por el correcto abastecimiento de la población, pasó a llamarse Junta perpetua de gobierno.

De las realizaciones de este ambicioso plan se tienen noticias a partir de un informe redactado por el propio Miquel Gaietà Soler, cuando salió de Ibiza hacia la corte, para ocupar el cargo de Secretario de Estado de Hacienda.

(EEiF) Ernest Prats Garcia [EPG]
Imagen superior:
Manuel Abad y Lasierra
Foto: Varios red

El rey Carlos III

La Ilustración (III)

Lo primero que se menciona en el informe es el Hospicio, establecido en 1786, donde se educaban chicos y chicas que, después de recibir formación, pasaban a trabajar en algunas de las industrias de tejidos que se debían ir creando con el fomento del plan. En concreto en el documento se habla de tres establecimientos de este tipo. El mismo fondo de mejoras ayudó a abrir también una herrería, que al mismo tiempo cumplía la función de servir como taller para el aprendizaje de este oficio.

No fueron éstas las únicas industrias creadas con ayudas de los fondos, porque el documento hace referencia a establecimientos de tejidos, gorros, jarras, tejas, cuerdas y otros. También en 1786 se había abierto al público un horno de pan, para lo que se trajo de Mallorca un operario especializado. Siguiendo con el intento de ofrecer actividades artesanales de todo tipo, se fomentaron enseñanzas para los canteros y zapateros, se llevó un calderero de Mallorca y se envió a Barcelona un chico del Hospicio para la realización de estudios de arquitectura.

Para acabar de completar las actividades artesanales, se abrió un almacén de materias primas, con el fin de abastecer a todos los talleres que se habían ido creando. En la ciudad se abrió también una lonja pública para la compra y venta de granos, ya completamente liberados de cualquier restricción en lo que se refiere a su exportación. Otro elemento destacado fue la apertura de la primera fonda pública, en la que se podían alojar todos los viajeros que llegaban a la isla. Las mejoras en la estructura urbana también fueron uno de los objetivos del plan; así se empedraron y mejoraron dieciséis calles, se levantaron una cincuentena de nuevas casas y se repararon una docena.

La obra civil más importante de los ilustrados fue el abastecimiento de agua potable. Como lugar de origen se escogió finalmente Sant Rafel y se hicieron todas las conducciones necesarias, que llegaban hasta una fuente, situada en el barrio de la Marina. Otras mejoras en los servicios públicos afectaron al abastecimiento de leña y carbón, la creación de mercados semanales en Dalt Vila y en la Marina y una profunda reestructuración de los gremios.

Como ya se ha comentado, la mayor parte de las propuestas iniciales de los ilustrados iban orientadas hacia las actividades agrarias y el mundo rural en general. Una de las fijaciones de los ilustrados era la dispersión del poblamiento rural en las islas de Ibiza y Formentera. Por eso no debe extrañar que una de las primeras medidas que se tomaron cuando se empezó a aplicar el plan de mejoras fue la creación de pueblos en el campo. Para ello se dictó una real orden el 15 de septiembre de 1789, en base a la cual se creaban dieciocho pueblos, con sus ayuntamientos, en el campo. Muchos de ellos eran de nueva creación y en los demás no existía núcleo urbano, porque normalmente sólo estaba el templo parroquial. Para aquellas parroquias que aún no tenían templo, se dictaron las normas necesarias para que esto se solucionara lo antes posible. Además, junto a las iglesias, los feligreses de cada una de las parroquias estaban obligados a levantar la casa consistorial.

Para favorecer la concentración de población, se dieron toda clase de facilidades; sin embargo, los resultados finales fueron más bien escasos. Sólo en el caso de Santa Eulalia del Río se puede hablar de cierto éxito, con un total de dieciocho casas habitadas y veintitrés en obras. Para el resto, sólo se lograron concentrar entre cinco y diez casas, si bien iba informando de que había muchas más en proyecto.

Las demás intervenciones en el mundo rural tenían como finalidad la mejora y diversificación de las producciones agrarias. Con este objetivo se llevaron de Mallorca operarios con el lobjetivo de formar a los campesinos ibicencos y formenterenses. En cuanto a las producciones agrarias, los esfuerzos fueron hacia un aumento de los arbóreos, con la creación de viveros, en especial de frutales, parras y moreras. Uno de los mayores logros alcanzados en este ámbito fue la exportación de algarrobas hacia Catalunya.

Después de la salida de Miquel Gaietà Soler de Ibiza, todavía llegó una nueva real orden relacionada con el funcionamiento de las instituciones pitiusas. Dictada en 1798, convirtió al ayuntamiento de la ciudad de Ibiza en perpetuo, lo que implicaba que los concejales recibían el nombramiento directamente del rey y no eran renovados hasta que él lo decidía, a diferencia del sistema anterior, con nombramientos cada dos años. Los únicos cargos que podían ser escogidos eran los dos diputados y un síndico.

De todas formas, lo expuesto hasta ahora ha sido la visión que de los resultados de la Ilustración en Ibiza y Formentera tenía su máximo responsable, Miquel Gaietà Soler. Pero incluso una lectura esmerada de estos resultados serviría para entender que en las Pitiusas el fenómeno de la Ilustración tuvo una intencionalidad de fondo aceptable, al intentar sacar a las Pitiusas del retraso en el que se encontraban y mejorar la situación general, pero que sus resultados fueron muy escasos. Sólo se notaron parcialmente en ámbitos como el intento de diversificación de las producciones agrarias y el hecho de mejorar el funcionamiento del hasta entonces escaso sector artesanal, además de mejorar las calles de la ciudad de Ibiza.

Las quejas de los responsables del Plan de Mejoras, respecto al retraso en el que se encontraban las islas a finales del siglo XVIII, no fueron las únicas. José Vargas Ponce, también ilustrado, que visitó las Pitiusas a finales del mismo siglo, coincidió con ellos. Otros visitantes, llegados casi un siglo después, como Gaston Vuillier, repitieron una visión de conjunto parecido, con una sociedad atrasada que vivía encerrada en sí misma.

Sin embargo, no se dice en ningún momento, a la visión que explican los mismos ilustrados, cuál fue la reacción de los ibicencos y formenterenses a esta propuesta de cambio. Si bien se tiene una información más bien escasa, hay indicios de que no todo el mundo estaba de acuerdo. Esta oposición afectaba, en general, a la mayoría de clases de la sociedad ibicenca. Las clases altas se opusieron al considerar que la nueva situación les podía perjudicar; las clases populares también, porque el proceso de cambio se hacía a partir de la premisa de que todos los costes debían ser asumidos por el conjunto de los ibicencos y formenterenses y, por tanto, les tocaba pagar unos cambios que no veían que les reportaran un beneficio. Los campesinos, a los que se quería obligar a ir a vivir a los pueblos, debían ayudar en la construcción de muchas de las nuevas parroquias y de todos los nuevos edificios para los ayuntamientos, también mostraron su desagrado.

Por tanto, no debe extrañar que a finales del siglo XVIII hubiera diferentes causas judiciales relacionadas de manera directa o indirecta con la Ilustración. Sólo a modo de ejemplo, por falta de estudios en profundidad, se pueden mencionar las siguientes: problemas graves para la construcción de las iglesias de San Agustín y San Carlos, negativas a pagar impuestos a San Rafael y San Antonio (que en algún caso concreto acabaron con la muerte del recaudador) y otros que provocaron una petición del aumento del número de soldados para poder mantener el orden...

Lo que sí parece medianamente claro es que se puede considerar que la Ilustración en las Pitiusas se acabó cuando Miquel Gaietà Soler se fue a la corte en 1798. Si bien se mantuvieron las instituciones y todos los organismos que él creó hasta la proclamación de la Constitución de Cádiz, en 1812 (e incluso se recuperaron parcialmente después con los gobiernos absolutistas posteriores), no hay pruebas de que esto implicara una continuidad en el proceso de cambio.

De hecho, algunos de los levantamientos campesinos de principios del siglo XIX pedían, entre otras cosas, la abolición definitiva de todo el sistema institucional y económico creado por los ilustrados.

(EEiF) Ernest Prats Garcia [EPG]
Imagen superior:
El rey Carlos III
Foto: Varios red


Las Salinas de Ibiza y Formentera

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Foto: Varios red

Iglesia de Santa Eulalia en el puig de Missa

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Foto: Varios red

Barrio de la Marina frente al puerto de Ibiza

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Foto: Varios red


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