Musulmanes en Ibiza

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Musulmanes (I)

Época hispanomusulmana
Durante el último periodo de la antigüedad, el período bizantino, se constata, en relación a la época precedente, un resurgimiento del mundo agrario ebusitano; pero avanzado el siglo VII, se observa un decaimiento tanto en la ciudad como en el campo que acabará, en muchos casos, con el abandono definitivo de los asentamientos rurales.

Parece tratarse de un fenómeno generalizado que afectó a todos los sitios conocidos, entre los que cabe mencionar el asentamiento rural de Cala d'Hort, donde no se han encontrado signos de continuidad más allá de los primeros años del siglo VIII, salvo una esporádica frecuentación islámica cuando el edificio ya estaba en ruinas.

La consecuencia más evidente de esta crisis fue una fuerte reducción de la población, e incluso el abandono total de las islas, como apuntan algunos autores.

Un hecho histórico que debió influir negativamente en todas las islas fue la anexión, el año 624, los territorios bizantinos peninsulares al reino de Toledo. Entonces, Baleares quedaron en una posición excéntrica respecto a un imperio que se había ido replegando hacia sus territorios orientales, al tiempo que el dominio musulmán se extendía por todo el norte de África.

Los primeros datos de la presencia musulmana en Ibiza son recientes, y han aparecido en contextos aún bizantinos, se encuentran en las necrópolis de Palmer, ee pla de Vila, y en cala Martina, en la costa sureste de la isla, excavadas en los últimos años del siglo XX. En los dos yacimientos se han documentado enterramientos que, por la disposición de los cadáveres y su orientación, parecen claramente islámicos, aunque se encuentren en ambiente bizantino.

Estos hallazgos son los testimonios más antiguos de una temprana estancia islámica en la isla, que hasta ahora era totalmente desconocida. En principio parece que los primeros árabes que llegaron a la isla debieron convivir en un contexto cultural y político diferente al de su origen, circunstancia que no asegura que los individuos encontrados representen un hecho aislado, sino al contrario, que sean los primeros testigos de una aportación humana más amplia y permanente, iniciadora del proceso de ocupación islámica de la isla a finales del siglo VII o principios del VIII.

El desconocimiento histórico de los siglos VIII y IX se debe, sobre todo, a la falta de datos documentales ya que las fuentes árabes no dan ninguna noticia respecto a Ibiza. Las crónicas más antiguas aluden a las expediciones que la flota de Ifriquiya hizo, los primeros años del siglo VIII, contra las islas del Mediterráneo central y occidental; también es conocida la incursión del año 707 contra las islas de Mallorca y Menorca, comandada por 'Abd Allâh ibn Mûsa, pero estas fuentes en ningún momento se refieren a Ibiza. Parece que estas expediciones no llegaron a las islas Pitiusas, a pesar de su situación geográfica, más cercana a la costa africana.

La inexistencia de datos documentados y la carencia de datos arqueológicos, crearon un vacío histórico que abarca el siglo VIII y parte del IX, que incluso planteó la posibilidad de una despoblación casi total de la isla más allá de los bizantinos. Varias causas pudieron provocar la disminución drástica de la población, confirmada por el registro arqueológico, a principios del VIII.

Al margen de motivaciones políticas propias de la época, hay que mencionar la situación de inestabilidad que sufría el espacio marítimo mediterráneo en general y el levante peninsular y las islas, en particular. Esta situación, tal vez, favoreció una ocupación gradual de los territorios litorales, y en concreto de las islas, como refugios y base de operaciones de marinos que se dedicaban a la piratería, formando verdaderas bandadas de disidentes no sometidos a ninguna autoridad y menos a la de Córdoba, que no ejerció un control efectivo sobre el área mediterránea de al-Ándalus hasta la llegada al poder de 'Abd al-Rahman III.

Para los emires omeyas anteriores, el levante peninsular y las islas eran áreas sin ningún interés, deprimidas económicamente y políticamente, en las que se instalaron grupos humanos formados, mayoritariamente, por contingentes bereberes que una vez asentados en los territorios disfrutaron de cierta autonomía hasta el siglo X, cuando fueron integrados social y políticamente por el poder califal de Córdoba.

Respecto a Ibiza, los datos sobre la época emiral son muy escasas, aunque cabe esperar que las nuevas investigaciones arqueológicas puedan documentar este periodo todavía oscuro. Así pues, al margen de los enterramientos Palmer y de cala Martina mencionados, que deberán valorarse dentro de su contexto, hay otros yacimientos, cuyo estudio puede ser fundamental. Se trata, de los asentamientos de sa Penya Esbarrada, en Santa Agnès y de sa Cala, en Formentera. Los dos sitios presentan ciertas similitudes en cuanto a su ubicación, al borde de un acantilado, la disposición de sus estructuras de habitación y, finalmente, los unen la escasa presencia de restos cerámicos y también otros tipos de materiales . Ambos yacimientos denotan una vida corta con una ocupación casi efímera lo que deberá definirse cronológicamente con el estudio de los pocos materiales encontrados.

Por otra parte la ciudad de Ibiza es otro lugar que sin embargo puede dar muchas sorpresas. De momento, en la Almudaina se ha encontrado un conjunto de cerámica andalusí de primera época, y también se conocen varios fragmentos anteriores al siglo X, procedentes de otros lugares de Dalt Vila.

Finalmente, los hallazgos monetarios también aportan datos de gran interés para este periodo. El estudio de las monedas árabes encontradas en la isla, publicado en el año 1995, incluye dos interesantes ejemplares de cobre encontrados de manera casual en la zona de sa Coma, de los cuales sólo uno es legible, corresponde a un fulus al parecer acuñado en el primer cuarto del siglo VIII. Su aparición se ha relacionado con la expedición militar de Tariq que acabó con la conquista de Hispania, el 711. En cualquier caso se trata de un testimonio importante sobre la presencia y frecuentación política y fiscal de la isla a mediados siglo VIII. Datado en el siglo siguiente, se conoce otro ejemplar procedente del Puig des Molins, se trata de una moneda de plata de Al-Hakam I, acuñado el 196 H (811).

Época califal
La autoridad cordobesa sobre las Islas Orientales, como se llamaban las islas Baleares, se impuso después de la crisis política o fitna que tuvo lugar a finales del siglo IX e inicio del X. Antes de 924, aunque buena parte de los territorios periféricos de al-Ándalus se encontraban en un estado de disidencia declarada o de hecho, como es el caso del levante peninsular donde el restablecimiento del poder cordobés no será efectivo hasta después de las campañas militares llevadas a cabo por el califato los años 928-930 .

El control real y efectivo de las islas comienza, pues, con la pacificación territorial del área mediterránea, bajo el poder de 'Abd al-Rahman III. Desde entonces, el nuevo califa contará con una base de operaciones importante para su política expansionista. En este sentido, cabe mencionar la noticia enviada por Ibn Hayyan, sobre la visita de la expedición califal a la isla de Mallorca donde completó los preparativos para emprender el ataque contra la costa catalana, desde el Empordà hasta Barcelona, en el año 935.

Después de firmar la paz con los francos, el califa ordenó a los gobernadores de Baleares y puertos costeros, respetar a los visitantes cristianos y permitirles comerciar con Al-Ándalus. La autoridad cordobesa se impuso en las islas mediante el nombramiento de Amilo, el primero de los cuales fue el qa'id Ahmad b.Ilyâs que ejercía su cargo en Tudmir cuando fue trasladado a las islas Orientales en 318 H (930) .

Musulmanes (II)

Los textos de esta época no hacen muchas referencias explícitas a Ibiza. Una de las pocas alusiones conocidas es la del viajero y geógrafo oriental Al-Maqdisi (335-378 H / 946-988) que, en su obra sobre el occidente musulmán, del siglo X, menciona Yabisa en una relación de 18 cores de al-Ándalus, aunque existen dudas razonables sobre su identificación con la isla. Otras fuentes posteriores pueden, sin embargo, reflejar situaciones precedentes; Yaqut, en el repertorio de ciudades, castillos y lugares de Ál-Andalus, que escribió al final de siglo XII o comienzos del XIII, dice que "en las proximidades de Tudmir se encuentran las dos islas (al-yaziratan) y Ibiza (Yabisa) ". Esta mención puede ser un indicio de que, durante algún tiempo, tal vez en la época emiral, existió una individualización administrativa de Yabisa respecto a las otras islas.

Otra referencia de alcance importante es la participación en 340 (951) de un médico de Yabisa, Abu Utham al-Jazzar al Yabisa, en un equipo científico encargado de traducir la obra Materia Médica de Dioscórides, que demuestra que en la época califal ya existía un alto nivel de integración dentro del mundo cultural e intelectual andalusí.

Otro tema pendiente es definir las relaciones del medio rural con la ciudad, y el alcance del papel del núcleo urbano de Yabisa como centro político y económico de la isla. Sin embargo, aún quedan aspectos importantes para documentar, como la delimitación e identificación de las transformaciones estructurales habidas no sólo en la época andalusí, sino también durante los siglos siguientes en que la fortificación se mantuvo en uso, y la cronología de los diferentes tramos conservados, entre otros.

En cuanto a la evolución urbana, las excavaciones realizadas en Dalt Vila (Catedral, Museo Diocesano, Castillo y Almudaina y Sala de la Universidad) están dando datos que complementan las conocidas para este periodo, entre las que cabe destacar el hallazgo, por primera vez, de niveles de empleo asociados a estructuras arquitectónicas de tapia, documentadas en las excavaciones de la Catedral de Ibiza.
Otros yacimientos que han dado restos arqueológicos de la época califal son la cueva de Santa Agnès, el Puig den Valls y la necrópolis del Puig des Molins. Se trata de lugares donde intervino, a principios del siglo XX, la Sociedad Arqueológica Ebusitana. Se han encontrado un conjunto de cerámicas andalusíes bastante interesante, entre las que cabe mencionar varias jarras y ollas procedentes de Santa Inés, que presentan similitudes tipológicas con las del nivel IV de la Catedral, del siglo X o principios del XI.

Del Puig den Valls, se conocen algunos fragmentos de cerámica verde y manganeso, decoración típica de la época califal, publicados en 1907 por Joan Roman y Calvet. Por otra parte, hay que mencionar una serie de vajillas custodiadas en el Museo Arqueológico, de las que se desconoce la procedencia exacta, pero que por su tipología y decoración pertenecen a este periodo.

Los registros monetarios, por su parte, se limitan a tres ejemplares andalusíes, dos de ellos acuñados por Abderramán al-Nasir y otro de Muhammad II y dos ejemplares fatimíes. Se trata de un volumen de moneda escaso del que no se pueden extraer conclusiones rápidas por la dudosa procedencia de las piezas, resultado de la investigación de coleccionistas y no de una investigación programada. En cualquier caso, llaman la atención los dos ejemplares acuñados en el Magreb, que con las oportunas reservas, pueden ser el resultado de la relaciones comerciales de la isla con el norte de África, de que habla el escritor Al-Zuhri, refiriéndose a la comercialización de la sal ibicenca.
Otras piezas árabes de cronología emiral-califal, son nueve recipientes de cristal que se cedió al Museo Arqueológico de Ibiza en 1986, como procedentes del Puig des Molins y publicadas en las postrimerías del siglo XX.

La taifa de Denia y el periodo independiente
La obra anónima Dirk Bilad Al-Andalus, confirma la pertenencia de cada una de las islas en Al-Andalus. Tanto Dénia como Ibiza, Mallorca y Menorca, eran considerados territorios andalusíes, gobernados por la misma persona, refiriéndose probablemente a Muyahid.
El cronista Ibn Idari relata los desórdenes que se produjeron en Al-Ándalus a raíz de los cuales surgió la taifa de Denia. Cuenta la historia de Muyahid al-'Āmir, que cuando comenzó la sedición estaba al cargo de las tres islas (de Baleares) y una vez asegurada su posesión, salió hacia Dénia hasta que se apoderó de la ciudad. Muyahid gobernó hasta su muerte en 436 H (1045), le sucedió su hijo Ali Iqbal al.Dawla, que mantuvo la unidad del reino hasta el 1057/58, cuando Al-Muqtadir, de Zaragoza, se apoderó de Dénia incorporándola a su reino.

Las Islas, a partir del año 1059, empezaron un periodo de independencia gobernadas por quien había sido valí de Mayurqa Al-Murtadâ. Le sucedió, el 487 H / 1094, Mubassir que gobernará las islas hasta la cruzada pisanocatalana.
A este periodo pertenece un poeta importante nacido en Yabisa, Idris b. Al-Yaman al-Sabini al Yabisa, debió ser un personaje conocido ya que estuvo por varias cortes de Al-Ándalus, entre ellas la del Muyahid de Dénia, es el único poeta de las islas orientales que figura en la antología de Ibn Sa'id al-Magreb. Murió en 1048.
Parece que a lo largo del siglo XI, las islas desarrollaron una intensa actividad en todo el Mediterráneo, para lo que contaban con una flota importante. En este sentido, hay que recordar las noticias de los geógrafos Yaqut y Al Himyari que mencionan la construcción naval como una de las actividades importantes que se desarrollaba en Ibiza.
La independencia de las islas finalizó con la cruzada dirigida contra Yabisa y Mayurqa por una coalición pisanocatalana. Tres escritores árabes mencionan el hecho: Al-Maqqari, Al-Himyari e Ibn al-Kardabus; este último dijo que los pisanos llegaron a Ibiza con 300 naves y luego salieron para Mayurqa, isla sobre la que da una valiosa información tanto de los personajes como de los acontecimientos que sucedieron.

Sin embargo, la fuente más importante sobre este hecho es el poema latino De Bello Maiorica, de Lorenzo Veronés, también conocido como Liber maiolichinus de gestis Pisanorum illustribus. En la exposición de los propósitos que se hace al principio de la obra se hace alusión a la piratería que los "moros" practicaban contra las ciudades italianas; como respuesta de estas acciones, los nobles de la ciudad de Pisa organizaron la cruzada contra Yabisa y Mayurqa, liderada por el arzobispo Pietro de Pisa, con el consentimiento del pontífice Pascual II. La escuadra partió del puerto de Pisa agosto de 1114 y llegó al puerto de Blanes, que entonces pertenecía al Condado de Barcelona gobernado por Ramon Berenguer, quien también participó en la empresa.

Las referencias a Ibiza aparecen en el libro III, donde se relata la llegada de los pisanos en un primer viaje de tanteo, se dan aspectos generales de la isla y una descripción de la ciudad. La propia acometida bélica así como la rendición definitiva de la fortaleza ocupan buena parte del libro IV, que finaliza con la marcha de los pisanos hacia Mallorca. El poema da numerosos datos del desarrollo de lo sucedido y de los hechos que se desarrollaron en las dos visitas que los cristianos hicieron la isla.

Según indica el poema "se acercaba el mes de marzo cuando las naves, enviadas antes, llegan a las costas de Ibiza." Tras el desembarco se dieron algunos combates y los cristianos saquearon los alrededores de la ciudad fortificada; luego fueron a Formentera, donde hicieron numerosos cautivos. De vuelta, se produjo el primer asalto a la ciudad acompañado de la persecución de los ibicencos hasta "la puerta de la fortaleza que aquel lugar majestuoso presenta en la parte del sur", puerta que sólo aparece mencionada en esta obra y de la que no se tienen referencias posteriores. La batalla continuó "... mientras los sarracenos suben a los muros de torres altas y lanzan enormes piedras, el ejército, confiado, que está situado en la parte baja, ataca por el lado de poniente donde la plebe restaba inerme. Cogen hombres, niños, madres y nueras, telas y vestidos robados dentro las casas donde entran ". Se refiere al saqueo de una zona extramuros quizá identificable con el tercer recinto urbano medieval que entonces aún no estaría protegido con murallas.

Musulmanes (III)

Parece que el desembarco definitivo se hizo en la actual zona des Molins, donde los cristianos instalaron el campamento, antes de iniciar la lucha tanto desde tierra como por mar, donde "... las naves, con altas torres de asalto, avanzan contra las defendidas murallas ". El ataque por tierra se hace "mediante los ingenios habituales (...) Oriciades construye una espectacular máquina de guerra hacia el lado de poniente que puede alcanzar las defendidas murallas desde lejos".
Cuando consiguieron entrar en el primer recinto de la ciudad, persiguieron y mataron a los soldados y sus habitantes, acción que aparece expresada en la narración de manera exagerada y cruenta. El segundo recinto se tomó ocho días después del primero; finalmente los vencedores se acercan a las murallas y intentan abatir las puertas y las entradas superiores atacando "las altas torres y las murallas con las máquinas de guerra y las pesadas piedras que lanzaba lejos llegaban hasta las ventanas, destrozando a menudo el interior de las casas ", refiriéndose, probablemente, a las casas situadas en el primer recinto, ya que también los proyectiles llegaban hasta el "sublime palacio", identificado con el Castillo. La lucha continuó hasta la rendición de la ciudad con la muerte de Abu Al-Mundir, entonces qa'id de la isla.
Después, los pisanos entraron en "las altas fortalezas y ordenan que se coloque rápidamente en un mismo lugar el botín. Codiciosos, hacen caer con un empuje torres y todas las murallas y allanan la tierra ". Como se puede ver, la narración de la conquista de la ciudad contiene un fuerte espíritu de venganza; en general es muy parcial y en todo momento ensalza las acciones llevadas a cabo por los pisanos, sin embargo, las acciones descritas parecen bastante verosímiles.

La ciudad, por otra parte, a raíz de las excavaciones llevadas a cabo en el castillo y al almudaina así como varios lugares del primer recinto urbano, han dado a conocer novedosas datos de este periodo, incluso se han documentado importantes transformaciones de las estructuras arquitectónicas precedentes, como han demostrado las excavaciones de la Catedral de Ibiza. Sin embargo, el asalto a Yabisa por la coalición pisanocatalana que acabó con el arrasamiento de la ciudad y de las murallas apenas empieza a reconocerse mediante niveles de destrucción e incendio detectados al almudaina y en la ronda de G. B. Calvi.

Época almorávide y almohade
La partida de los pisanos marca el inicio de la etapa almorávide en las islas orientales, las crónicas árabes que recogen el evento pisano coinciden en que, ante la carestía de recursos para rechazar las tropas cristianas, el valí de Mallorca, Mubassir (1093- 1,115), solicitó ayuda a los almorávides del norte de África, los que llegaron a la isla cuando la ciudad ya estaba devastada y las tropas cristianas habían huido. Ibn al-Kardabus expone la situación lamentable en que se encontraba la isla y la ciudad a la llegada de 300 naves comandadas por qa'id Ibn Taqartas.

Los almorávides, entonces, reconstruyeron la ciudad, se establecieron y la habitaron. Para Ibiza, no hay ningún dato específico sobre la reconstrucción de la ciudad ni del empleo almorávide. Este período es aún más desconocido que los precedentes, apenas hay referencias documentales exclusivas de Ibiza ni tampoco ninguna mención de su participación en los hechos protagonizados por los Banu Ganiya, de Mayurqa, en su intento de extender su dominio por norte de África.

Parece que los ibicencos no estuvieran demasiado contentos de sus vecinos, ya que el qa'id mallorquín, Ibn Nayyah, colaboró ​​directamente con los almohades facilitando la ocupación de la isla, a raíz de la expedición del qa'id Abu -l-Abbas, el siciliano, del año 583 H (de marzo de 1187 a marzo de 1188).
Así pues, Ibiza estuvo bajo dominio de los almohades varios años antes de Mayurqa (1203) y Manurqa (1202). Los Banu Ganiya intentaron recuperar la isla. 'Abd Allâh ibn Ganiya, sitió la ciudad pero tuvo que levantar el campamento sin lograr su objetivo. Entonces, Yabisa era defendida por Abû 'Abd Allâh ibn Maymun con la ayuda de' Abd al.Wâhid.

La arqueología, por su parte, no ofrece muchos datos de la etapa almorávide, ni siquiera referentes a la obligada reconstrucción de la ciudad tras el ataque cristiano. Esta reconstrucción, que debió hacerse, no ha sido documentada arqueológicamente, y en las intervenciones más recientes no se han encontrado registros arqueológicos que la reflejen. De hecho, las pocas excavaciones hechas en la ciudad documentan sobre todo el trabajo almohade y las reformas que ellos llevaron a cabo en el primer recinto urbano, sobre todo aquellas relacionadas con las defensas urbanas.

Con la conquista almohade de Mayurqa, en 1203, las Islas Orientales, otra vez unidas, seguirán vinculadas al poder político y administrativo almohade del sur peninsular, hasta la conquista catalana.

De los últimos años del periodo andalusí se conocen textos que mencionan la isla de Ibiza. Ibn Abi Zar, en su obra sobre los almohades, no menciona la conquista almohade de 1188 pero sí la catalana el año 632H (1235), de la que dice que el enemigo sitió la isla durante cinco meses hasta que la tomó. Las crónicas catalanas, especialmente la de Jaume I, recogen este importante evento.

Otro cronista, Bernat Desclot, relata una serie de hechos que denotan las divergencias y agravios que se produjeron entre el rey Jaime I y el poder árabe de Mallorca, que también aparecen reflejadas en la obra del escritor árabe Abu Umayra al- Majzumi. El escritor catalán cuenta la captura de una nave musulmana que cargaba madera en Ibiza, en represalia, los árabes de Mayurqa retuvieron y desviaron varias naves catalanas que comerciaban con el norte de África. Estos hechos tuvieron lugar en 1226, dos años antes de la reunión donde se decide la conquista de Mallorca, por parte de Jaume I.

No hay duda de que los intereses comerciales y la seguridad del Mediterráneo, entre otros, fueron factores definitivos para emprender la conquista de las islas Baleares, aunque esta se planteó como una empresa con connotaciones religiosas.

Del periodo almohade existen más datos arqueológicos que los precedentes. Al margen de los ejemplares epigráficos, siempre escasos y los hallazgos monetarios que tampoco son muy abundantes, existe nueva documentación procedente de las intervenciones arqueológicas realizadas en diversos lugares de la ciudad, que han aportado niveles y restos constructivos de esta época. También se conocen amplios repertorios cerámicos recuperados del interior de pozos negros, algunos de ellos encontrados en la ciudad y otros en varios lugares de la isla, como la casa de Portmany (San Antonio) y otro en Puig den Valls.

La ocupación territorial de la isla está claramente representada en el Memoriale divisiones, acta de reparto de los territorios de Ibiza y Formentera entre los conquistadores. Documento que fue publicado e interpretado por Joan Marí Cardona y que sirvió de base a la investigación de Miquel Barceló sobre los agricultores de Yabisa. Se trata de una fuente documental de primer orden para conocer la situación de la isla antes de la conquista catalana, su división territorial en cinco Distritos: Alhahuet, Sharq, Benizamid, Burtumany y Algarb, también se describen algunos de sus límites aludiendo a diferentes accidentes geográficos, sobre todo los montes que sirven de referencia topográfica, de los que se da el nombre árabe. Finalmente, se hace una relación, parece que bastante exhaustiva, de las alquerías y los cobertizos existentes en la isla, distribuidos por distritos.

Al margen de su importancia como fuente histórica hay que destacar su valor de cara a futuros estudios de carácter toponímico que pueden dar datos de interés sobre la población andalusí de la isla, su origen y su procedencia.
Rosa Gurrea Barricarte [RGB], Ángeles Martín Parrilla [AMP]
Fotos: Vicent Marí
EEIF (Enciclopèdia d'Eivissa i Formentera)


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