Iglesias de Ibiza - Esglésies d'Eivissa

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La fundación de una parroquia en la isla de Ibiza, tras la conquista de 1235 de Ibiza y Formentera, era una determinación de los conquistadores anterior a la conquista, junto con otros acuerdos que previamente habían tomado, ya que se trataba de dos asociados a Guillem de Montgrí, el conde Nuño Sánchez y Pedro de Portugal.

Conseguida la posesión de las islas el día ocho de agosto de 1235, poco después, el día 14 de septiembre del mismo año, los representantes de los tres firmaban en la ciudad de Mallorca el acta de dotación de la parroquia de Santa María de Ibiza.

Pronto fueron llegando algunos sacerdotes y también las familias que serían los primeros repobladores de las islas. Una característica que desde entonces ha distinguido a los isleños fue la de vivir en casas aisladas en el campo, junto a las tierras del trabajo, sin núcleos urbanos, salvo la ciudad de Ibiza. Es seguro que empezaron y continuaron viviendo así porque tuvieron que aprovechar las viviendas que habían dejado los anteriores ibicencos y formenterenses. Hay que tener presente que esta manera de vivir condicionó mucho el desarrollo de la Iglesia.

Como templo parroquial provisional dedicado a Santa María se tomó un edificio pegado al castillo, al que pertenecía, donde después se levantó la iglesia definitiva. El templo provisional fue el que encontraron los primeros sacerdotes y los primeros repobladores cuando llegaron a Ibiza y Formentera, después de 1235; no llegaron de manera urgente y precipitada, sino tranquilamente, para empezar a llenar la ciudad de Ibiza y las casas y tierras de ambas islas. Para residencia del pavorde o rector fue asignada la casa existente también bajo los muros del castillo, después conocida como la pavordía, ahora residencia episcopal.

El desarrollo de la vida en nuestras islas debía normalizarse con tendencia constante al crecimiento ordenado, con familias de cultura catalana que fueron viniendo de Catalunya, Mallorca y de Valencia.

El funcionamiento de la iglesia de Santa María tuvo que ponerse también en marcha, según las previsiones anotadas en el documento de la dotación, mediante la presidencia de un pavorde o rector asistido por dos vicarios, llamados hebdomanaris o semaneros, los cuales tenían especialmente a su cargo la formación cristiana del pueblo y la administración de los sacramentos. A lo largo de los primeros siglos, los pavordes nunca solían residir en Ibiza, por lo que otros curas los suplían en su tarea.

Hay que recordar unos pocos nombres de pabordes: Hugo de Cardona (1304), que autorizó la construcción de la iglesia de San Antonio; Guillem Llong (1492), Francisco Rovira (1423), Alfonso de Borja (1423), futuro papa Calixto III. Joan Riambau llegó a principios de noviembre de 1546 y fue el primer pavorde residente en Ibiza, poco antes de que el concilio de Trento determinara que todos los prelados debían residir en sus circunscripciones.

Una particularidad de la parroquia de Santa María fue siempre la presencia de un vicario general, cargo propio de los obispados. Es evidente que la situación de las islas, muy separadas de Tarragona, conllevaba la posibilidad de resolver sus problemas, especialmente los más urgentes que podían aparecer. El vicario general debía exigir que las normas canónicas y la tutela de los derechos feudales del arzobispo se cumplieran, por lo que tenía en sus manos todas las penas eclesiásticas en vigor. Eran determinados por el arzobispo y no pocas veces eran los pavordes u otros sacerdotes enviados de Tarragona los que lo hacían.

En la segunda mitad del s XIV ya se puede comprobar que las familias de Ibiza eran unas doscientas y no se tienen datos de las de Formentera. Iba pasando el tiempo y se sentía más y más la necesidad de construir el templo parroquial, el cual sólo podía llegar por voluntad del arzobispo de Tarragona, que era el único que podía tomar la decisión. No es conocido el arquitecto que lo diseñó ni los maestros que trabajaron.

El año 1301 visitó las islas Guillem de Torrents, enviado por el arzobispo, pero parece que sólo vino para intentar poner fin a las diferencias existentes entre el arzobispo Rodrigo Tello y el rey de Mallorca, lo que no se consiguió nunca. No se mencionó el templo parroquial.

Más extraño es que no se diga nada los años 1358, 1366 a 1370, cuando residió en Ibiza el obispo de Elna, Joan, a quien el arzobispo dio numerosas facultades, como fueron la de autorizar la construcción de la capilla de San Valero, en Formentera y la de Santa Lucía, extramuros de la ciudad de Ibiza.

El 1392 el visitador Juan de la Mata describe ya el nuevo templo con cinco capillas, es decir, las actuales del ábside: de Santiago, de San Miguel, de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, de San Pedro y San Pablo, y de San Antonio y Santa Tecla. Parece que la central, que es la última que se ha mencionado, hacía de presbiterio. Santa Tecla es la patrona del patrimonio de la iglesia tarraconense, como lo fue, naturalmente, de la parroquia de Ibiza. Los beneficiados de la parroquia ya eran treinta, y Guillem Llong era el pavorde.

Juan de la Mata informó largamente de la vida de los cristianos mediante formularios prescritos, lo que le supuso graves enfrentamientos con el gobernador Francisco Miró, el cual mandó que quitaran las velas y el timón de barco del visitador para que no pudiera enviar información al arzobispo, que quería conocer el comportamiento de varios usureros de toda la isla y de la partida del rey. Al tratarse de la comunidad de beneficiados, se hizo constar la ausencia de Antoni Joan porque era beneficiado de la iglesia de Santa Eulalia.

A lo largo del siglo XIV se habían levantado las primeras capillas o pequeñas iglesias en las partes foráneas: Santa Eulalia, San Miguel, San Antonio y San Jorge. Así lo pedía la manera de vivir en casas que formaban núcleos urbanos, como los nuevos pobladores habían organizado la propia vida.

Otra iglesia de los primeros tiempos, tal vez del siglo XV, es la de la Virgen de Jesús, en es Pla de Vila, cuyo origen no queda claro y parece como si fuera obra de la Universidad para sus fines de enseñanza. Inicialmente residieron en ella frailes franciscanos, luego fueron los frailes dominicos, con pocos años de diferencia para poder irse definitivamente a Dalt Vila.

Los obreros parroquiales tuvieron una gran importancia en la construcción y el mantenimiento de los templos, especialmente en los del campesinado. Los obreros todavía existen hoy, a pesar de que no tienen ninguna función particular, pero realizan algunas cada parroquia.

Así pues, a finales del siglo XIV ya se había terminado una parte notable del templo parroquial de Santa María.

En Formentera construyeron la capilla de San Valero, ahora llamada de sa Tanca Vella, para que los ibicencos que querían repoblar la isla después de que la peste negra había ocasionado el abandono. También se da por seguro que los frailes agustinos ermitaños de la Mola entonces dejaron la isla definitivamente.

Ante la parroquial de Santa María se había costruido la capilla de San Salvador, de la cofradía de los marineros, y pronto comenzarían a construirse la de la Esperanza y la de San Telmo, esta última en la Marina. El hospital de pobres tuvo también a primera hora su iglesia. Santa Lucía existió extramuros, en el monte entonces llamado de en Vic y después de Santa Lucía, y la Virgen del Socorro se encontraba en ses Pallises, en el lado de poniente del recinto de las murallas, donde inicialmente estaba la portezuela d'en Lledó, sustituida por el portal Nou.

Los edificios de culto con las celebraciones que solían hacer constantemente en ellos eran la muestra más visible de la forma de cómo iba avanzando la religión en Ibiza y Formentera, según el ritmo que imponían los nuevos pobladores con los que iba creciendo la población que había comenzado tímidamente justo después de la conquista de 1235.

Juan de Cescastells fue el primer visitador del s XV, pero su tarea fue la inquisición sobre ciertos actos graves de desgaste e incluso de homicidios, que bien a menudo oscurecían la vida de la comunidad cristiana de la isla. Visitó el templo parroquial, pero no dejó ninguna relación de las capillas que encontró. Recordó que tenía una hermosa custodia conservada, del maestro mallorquín Francesc Martí (1.399), y también le llamó la atención un retablo nuevo y muy hermoso del altar del presbiterio, es decir, las conocidas tablas de Santa Tecla y San Antonio, de Francesc Comes.

Berenguer Prats, visitador en 1423, encontró las ya conocidas cinco capillas del ábside y una nueva, votiva y dedicada a la Santísima Trinidad. Visitó detenidamente la pavordía y la alquería de Santa María, y quedó claro que ambas se encontraban muy abandonadas. La visita era muy importante, porque entre el pavorde Francisco Rovira de Ibiza y el de Inca, Alfonso de Borja, futuro papa Calixto III, se iba a hacer cambio de propiedades de las pavordías.

Lluís Palanca, visitador de 1435, hizo mención de la parroquial, al igual que Berenguer Prats había hecho unos años antes. Es curioso que no existen datos de visitadores de la segunda mitad del siglo XV.

El s XVI marca un espacio de notable crecimiento de la población de Ibiza. Formentera todavía no se había podido repoblar. Se terminó la obra de Santa María y se hicieron crecer las primeras y pequeñas iglesias de los quartons.

Los años 1539 y 1.549 vino el obispo visitador Rafael Llinàs. La primera visita la dedicó a bendecir campanas para Santa María, San Jorge y San Antonio. La segunda visita fue para administrar la confirmación a todos los quartons.

A lo largo del siglo XVI empezó a preguntarse, mediante los jurados, que la parroquia de Santa María se convirtiera en obispado propio, justamente siempre con la idea de que de otra manera el sacramento de la confirmación sólo podía administrarse con demasiada tardanza, lo que no era admisible. Es seguro que los arzobispos no osaban venir a las islas por miedo a las naves piratas, y así no existía otro camino para el sacramento de la confirmación que enviar obispos, lo que tampoco era muy fácil.

Jaume Solsona, visitador de 1570, tampoco dijo nada de la obra de Santa María, la que ya iba por la parte final; no se encuentra explicación de este silencio.

Fue necesario que llegara el visitador Juan de Ossó (1577) para dejar una relación de nombres de las nuevas advocaciones dadas a todas las capillas de Santa María que acababan de hacerse, las cuales, naturalmente, señalaban la construcción de la nave.

El s XVI acabó con un visitador arzobispo, Juan Terès (1594), el cual se decidió a venir personalmente porque el rey Felipe II le pidió con mucha insistencia que fuera un obispo a Ibiza para administrar la confirmación. El recibimiento que hicieron a Juan Terès fue extraordinario, por cuanto no sólo era arzobispo sino también el mayor señor feudal de la isla. Administró la confirmación en la iglesia de Santa María y los templos de los quartons.

La primera noticia que se tiene del tribunal del Santo Oficio en Ibiza es del s XVI. El Santo Oficio, presidido por el comisario, tenía la misión de controlar la vida de los isleños y de los que llegaban eventualmente en la isla, a pesar de que no fueran cristianos, para que no se diera pie a señalar caminos de vida que no eran permitidos. El tribunal de Ibiza dependía del de la ciudad de Mallorca, al que debían ser enviados todos los expedientes, salvo los insignificantes porque aquel inquisidor les diera la correspondiente sentencia.

A finales del siglo XVI la comunidad de la iglesia ibicenca se vio favorecida con la presencia de los frailes dominicos, llegados desde la Virgen de Jesús, y con la fundación del monasterio de San Cristóbal, de religiosas agustinas procedentes de la ciudad de Mallorca. De este modo Ibiza iba adquiriendo todas las formas de una comunidad viva, a la que ya no carecería una comunidad de vida contemplativa.

El s XVII comienza, tal vez por mal estado del mar, con la llegada casual de Lorenzo Galatnio, arzobispo italiano, que iba de Dénia en Italia (1609). Por las repetidas súplicas que le hicieron en Ibiza decidió administrar la confirmación en la iglesia parroquial.

El 1614 Ibiza fue visitada por el obispo Joan Estelric, enviado personalmente por el rey para que entendiera en algunos temas de interés, que de otra manera no tenían remedio. Entre ellos estaba la revisión de las bolas de los sacos de la elección de la Universidad donde se conservaban muchas de personas que no podían ser elegidas, la jurisdicción común, etc.

Los jesuitas, por el testamento de Agapito Llobet, tuvieron que fundar una casa en la villa de Ibiza, y una iglesia dedicada a San Agapito, situada en la parte derecha de la entrada actual en la calle de Joan Roman. Cabe decir, sin embargo, que los mencionados religiosos nunca arraigaron bien en la isla, seguramente porque los frailes dominicos eran muy anteriores y ya estaban perfectamente adaptados. La escuela que ellos rigieron quedó unida a la futura existencia del colegio seminario.

El arzobispo Francisco Rojas no visitó personalmente la isla de Ibiza, pero por las informaciones que había recibido sabía que la población del campo comprendía más de dos mil familias y muchas personas vivían demasiado alejadas de las vicarías correspondientes. Determinó que cada vicaría tuviera reserva continua de la Eucaristía y que siempre residiera el correspondiente vicario, por lo que se fundaban cinco beneficios, uno en cada vicaría. Se había tratado de construir templos nuevos y el arzobispo autorizó que se construyeran los que los feligreses creyeran necesarios, con una consulta previa al vicario general. Las largas decisiones del arzobispo Francisco Rojas son un perfecto resumen de muchas actuaciones de buen gobierno para la parroquia de Santa María.

El obispo visitador José Mora llegó en 1691 y describió el templo con pocas diferencias de cómo había sido descrito por el visitador Juan de Ossó (1577), aunque se dio cuenta de que cuando llovía caía agua dentro de la nave y que el nivel del suelo era muy desigual porque unas losas salían más que las otras.

El s XVIII fue sin duda más intenso para la vida de la iglesia ibicenca. Desde el siglo XVI se pedía la conversión de la parroquia en diócesis. La peste de 1652 no pudo retrasar más el hecho. Ibiza se iba poblando vertiginosamente y también se pobló Formentera. Se tuvieron que construir nuevos templos en la primera mitad del s XVIII en las nuevas comunidades que quedaban muy alejadas de las iglesias de los quartons existentes.

La visita del arzobispo Manuel Samaniego (1726), que recorrió las dos islas, fue el principio de las iglesias que a continuación fueron levantadas en Formentera (San Francisco Javier), en elquartó de Santa Eulalia (San Juan) y en el de Portmany (San José).

El hecho ayudaba a continuar pidiendo con fuerza la conversión de la parroquia de Santa María en obispado. "La ciudad de Ibiza, ya convertida en ciudad por su Majestad", es una frase repetida insistentemente por la bula de Pío VI, mediante la cual sehizo realidad el cambio esperado. No era normal que un obispo residiera en una villa, y por ello fue necesario que la ciudad de Ibiza fuera previamente declarada ciudad por el rey. La bula es un documento importante que se recoge una síntesis de las dos islas y de la vida de los trece mil habitantes que ya tenían.

En la ciudad de Ibiza no faltaban algunas personas que poseían gran cultura, de las cuales algunas eran tenidas por nobles, aunque no lo eran.

Nombrado pronto Manuel Abad y Lasierra obispo de la nueva diócesis, la primera actividad que le entretuvo bastante tiempo fue aclarar cuáles eran las propiedades de las dos islas, antes tenidas por el arzobispo y el capítulo de Tarragona, las que tenían que pasar íntegramente a la mensa episcopal y a la mensa capitular de Ibiza para el correspondiente mantenimiento. Al final el obispo pudo llegar a Ibiza, donde el pueblo le dio un acto excepcional de bienvenida, ya que se realizaba lo que tanto tiempo todo el mundo esperaba.

Los trabajos del nuevo obispo eran muchos, especialmente para establecer todas las formas de funcionamiento propias de un obispado: catedral, capítulo, parroquias, rectores, etc. En primer lugar, recibió numerosas informaciones y recorrió ambas islas para conocer personalmente donde existían templos que serían parroquias y donde sería necesario hacer otros nuevos. La diócesis fue dividida en veinte parroquias, doce de las cuales ya tenían templo, y sería necesario hacer ocho nuevas.

Organizada plenamente la diócesis, el gobierno estableció el plan de mejoras, del que debían ser beneficiarios los trabajadores del campo. Fue primer presidente Miguel Cayetano Soler, el cual presidía una junta formada por el obispo y otras personas distinguidas. Se instalaron numerosos viveros de árboles y plantas del campo, de las que podían disponer los agricultores, al haber demostrado que tenían las tierras listas para sembrarlas. Fueron numerosísimos los árboles que se sembraron y también las cepas.

Cabe decir, sin embargo, que los agricultores nunca estuvieron de acuerdo en cómo procedía la dirección de la junta ni en la misma siembra de árboles, ya que creían que la junta no era más que una reunión de señores de Vila que el alrededor de una mesa, sin conocer el campo, decidían lo que había que hacer en la agricultura.

También a su amparo aparecieron fábricas de fideos, de chocolate, de sombreros, etc. Al final, cuando llegó la hora de pagar las nuevas y otras contribuciones no dejaron de aparecer enfrentamientos serios de los agricultores contra la junta que dirigía el plan de mejoras.

En la ciudad de Ibiza fueron establecidas dos parroquias: San Pedro, con sede en la catedral, a la que se añadió la ayuda parroquial de San Cristóbal, con sede en el templo del monasterio de San Cristóbal, a la que se dio una pequeña porción de Dalt Vila y las familias de extramuros de la ciudad, y San Salvador de la Marina o San Telmo.

Las parroquias del quartó de ses Salines fueron dos, San Jorge y San Francisco de Paula, todas con la iglesia, a pesar de que el rey construiría la definitiva de San Francisco de Paula.

El quartó de Portmany tenía dos iglesias, que serían parroquias, San Antonio y San José. Era necesario edificar la nueva de San Agustín y en gran parte la de San Rafael, aunque la mitad de la feligresía era des Pla de Vila.

El quartó de Balansat tenía la iglesia de San Miguel, y deberían de hacerse las nuevas de Santa Inés, de San Mateo y de Santa Gertrudis.

El quartó de Santa Eulalia tenía los templos de Santa Eulalia y de San Juan, pero era necesario hacer el de San Lorenzo y el de San Carlos.

Cuando empezó el s XIX, la mayoría de las iglesias que tenían que hacerse nuevas ya se habían acabado o se estaban acabando, salvo unas pocas que siempre fueron retrasadas. La gran tarea que aquellas obras habían supuesto, dejó las islas en una temporada de silencio.

La llegada a Ibiza del fraile carmelita Francisco Palau y Quer, desterrado desde Barcelona, promovió allí el pequeño edificio de la capilla de la Virgen del Carmen, levantado por él, posteriormente centro de visitas de carácter espiritual de muchos isleños; a mediados del s XX pasó a formar parte de la nueva iglesia parroquial a la que se dio el mismo título de la Virgen del Carmen (1933).

También entonces se edificó el templo de San Vicente Ferrer, en la Cala des Marins cuando aquella aldea fue segregada de San Juan Bautista. Posteriormente también fue declarada parroquial (1933).

Así como el s XVIII fue el de la alegría del nuevo obispado concedido a las islas Pitiusas, el s XIX fue el de la gran orfandad ocasionada por el concordato entre la Santa Sede y el Gobierno español, por el que el obispado desaparecía y las parroquias de las dos islas debían incorporarse a la diócesis mallorquina. Aunque el concordato era de 1851, empezó a tenerse presente después de la muerte del obispo Basilio Antonio Carrasco (1852). Fue una incorporación especial, nunca realizada, porque el obispo de Mallorca no la aceptaba plenamente y los ibicencos y formenterenses no dejaron de hacer gestiones para la restauración del obispado perdido.

Desde entonces Ibiza y Formentera fueron regidas por gobernadores eclesiásticos o vicarios capitulares, uno de los cuales, Rafel Oliver Ribes, se encontró con el gran problema de la desamortización de los bienes de la iglesia.

Ya en la primera mitad del s XX, se consiguió por suscripción pública la cantidad necesaria para el restablecimiento de la mitra con carácter de administración apostólica. Entonces los canónigos de la catedral eran diez, los beneficiados seis, los párrocos veintidós cuatro, los coadjutores diecisiete, sacerdotes en América veinte, capellanes militares tres, otros varios doce.

Antoni Cardona Riera, obispo coadjutor del de Ciutadella, cubrió la vacante dejada por Salvi Huix y fue administrador apostólico los años 1.935 a 1.949. Su gran obra fue la restauración de casi todos los templos de Ibiza y Formentera, quemados en 1936. En 1949, especialmente por sus insistentes gestiones, se restauró la sede episcopal de Ibiza, y él fue nombrado primer obispo .

Nuevas actividades habían ido apareciendo en el seno de la iglesia: Acción Católica, Congregación Mariana, Adoración Nocturna, etc. Nuevos templos también empezaron a construirse: el de la Santa Cruz, la casa de Espiritualidad Cubells, la Virgen de Lourdes, la Purísima, la Sagrada Familia, Santa María Madre de la Iglesia, San Pablo, la Madre Señora del Rosario y San Ciriaco.

La iglesia de Ibiza y Formentera a principios del siglo XXI es atendida por un número escaso de sacerdotes, porque ya hace años que las vocaciones son muy pocas. El seminario, obra de principios del siglo XIX, se convirtió en 1970 en un colegio seminario, por la falta de estudiantes de filosofia y teología. Por otra parte, el descenso de las prácticas religiosas no deja de ser notablemente extraordinaria, aunque algunas de las actividades, como las procesiones y fiestas patronales o singulares de las parroquias, son presentadas como formas especiales de la cultura religiosa popular isleña.
Joan Marí Cardona [JMC]
Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera


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