Los Romanos en Ibiza

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Los Romanos (I)

Época romana y antigüedad tardía
Los orígenes de la romanización de Ibiza
Ebusus es la latinización de 'ybshm fenicio-púnica, que en griego sería Ebysos o Ebesos. El nombre latino también aparece en las variantes Ebussus y Ebysus.
En cuanto a Ins (ulae) Aug (ustae), que aparece inscrito en algunas de las monedas ebusitanas de la época de los emperadores romanos Tiberio y Calígula, aparece en plural, en la medida en que se supone que era el equivalente de 'ybshm. Este vocablo, con una desinencia final, que con claridad indica un plural, deberá traducirse como islas de Bes, aceptando algunas hipótesis, que buscan en la palabra «August» un equivalente a «sagrado» y, entonces, una vinculación directa con Bes y la serpiente. Estos son los nombres de la romanidad ibicenca.

Es posible que la adopción del ius latii, en realidad se produjera después de Vespasiano (muerto el 79 dC), pero antes de que fuera grabada la lápida CIL II, 3664, donde se menciona la Res Publica Ebusitana, es decir, una generación después. Esto se ha querido explicar en el sentido de que los ebusitanos, ciudadanos de derecho latino, debían pagar a los de derecho romano impuestos, lo normal en este estado de cosas. Antes de su municipio, Ebusus había sido una ciudad federada. Al menos es lo que parece deducirse del pasaje de Plinio el Viejo, más arriba mencionado (NHL III, 76-77): ... ahora ambas [Ibiza y Formentera] se llaman Ebusus, con una ciudad federada, separadas por un estrecho freu. Las ciudades federadas estaban libres de pagar el stipendium pero que sí pagaban las stipendiariae (tributarias), mantenían sus costumbres, el derecho de legislar, sus instituciones, acuñaciones y el territorio no era ager publicus sino ager privatus ex iure peregrinus, es decir, terreno de derecho «extranjero». En teoría, tampoco tenían que mantener guarniciones romanas en su territorio.

La mayoría de historiadores actuales aceptan una fecha entre los años 70 y 75 -cuando muchas de las ciudades de Hispania recibieron de manos de Vespassià el ius latii- como el momento de la definitiva entrada de Ibiza y, por extensión, de las islas Pitiusas, en la época romana. O, para decirlo en conceptos inversos, el momento de la desaparición del último argumento válido para considerar que aún podría hablarse de época púnica: el cambio de civitas foederata por municipium.

Es evidente, por ejemplo, que cuando las guerras civiles del siglo I antes de la era cristiana, Ebusus fue o base y teatro de operaciones militares, como cuando el conflicto de Sertorio (Plutarco Sertori VII, 1), o políticamente y militarmente partidaria de alguno de los contendientes, como es el caso de la resistencia que tuvo que vencer Cneo Pompeyo (hijo de Pompeyo el Grande) en la guerra contra César (Dio Casio XXIX-XXX). En este sentido, se comportó como una verdadera isla "romana".

Asimismo, hay factores, como las últimas acuñaciones de la ceca local -de circulación exterior prácticamente nula- que (en el anverso) muestran los bustos de los emperadores Tiberio y Calígula (14-37 / 37-41 dC), con sus nomina y cargos en latín -ti (berius) CAESAR AUG (ustus) P (ater) P (atriae) / C (aius) CAESAR AUG (ustus) GERMANICUS- y, en el reverso, la figura del dios local con la leyenda 'ybshm / INS (ulae) AUG (ustae) o, sin cargos ni inscripciones, como es en el caso de los semis con el busto de Claudio. Estos últimos son considerados una verdadera "propina", ya que ninguna otra seca hispánica habría continuado acuñando moneda después de Calígula.

Todo ello, con una cierta dosis de razón, se ha interpretado como un rasgo de autonomía de Ibiza, pero, por la misma ley, también debe interpretarse como una integración -que se puede entender, incluso , como submissió- casi total, el sistema impuesto por el poder supremo de Roma. Así, uno de los pocos rasgos patentes, desde una óptica histórico-arqueológica actual, que como se ha dicho aún permanecían en la época de Claudio (la acuñación local de moneda), también habría desaparecido definitivamente, aunque algunas décadas antes de la municipalidad.

Si todo este proceso de romanización se enfoca desde una óptica sociopolítica, los conocimientos directos (es decir, no deductivos) son literalmente nulos: no hay ni fuentes históricas que hagan alusiones concretas de ningún tipo, ni epigráficas, ni ningún otro dato concluyente que arroje luz sobre este aspecto durante todo el siglo I, ni durante todo el reinado de los Juliclaudis. Esto significa, sencillamente, que es difícil hablar de diferencias, en este nivel, cuando se desconoce uno de los parámetros de comparación.

En cuanto a aspectos religiosos, puede decirse algo parecido. Está el tema de la perduración de cultos y divinidades, no ya en el transcurso de los últimos siglos de Roma, como república, sino también hasta una buena parte del imperio o, al menos, del alto imperio. Éste y otros, son aspectos interesantes de los que luego se hablará.

Tenía mucha más autonomía Ibiza en la época de Claudio I, que en la época de Tito? Es cierto lo que suponen muchos (la mayoría) de historiadores que el municipio ebusitano comportó una sustanciosa merma en los privilegios isleños? En contra de visiones históricas tradicionales, que remarcaban cómo Ibiza había sido una especie de unicum en no haber sido conquistada por los romanos por la fuerza de las armas, a diferencia, por ejemplo, de casos bien cercanos, como Baleares ahora, conocido el caso más profundamente, puede afirmarse que la situación de la Ibiza púnica no fue muy diferente a las ciudades también púnicas (o, si se quiere, feniciopúnicas) de la costa sur de la península Ibérica.
El gobierno y la organización política
Las ciudades del mismo rango que Ibiza, en la época imperial, estaban gobernadas por un consejo municipal, el ordo decurionum, que según la importancia del municipio tenía más o menos miembros, normalmente entre cincuenta y cien. Este consejo colegiado era la máxima autoridad urbana. Su veredicto era decisivo en temas como la organización de fiestas, la defensa de la ciudad, las obras públicas, las apelaciones contre los duumvirs, la fiscalización de la hacienda pública, etc. Para pertenecer al ordo decurionum había que ser hombre libre (ni esclavo, ni liberto), residente en la misma ciudad, tener una edad mínima de treinta años y haber demostrado una buena conducta y una solvencia económica mínima, ya que para ser candidato había que indemnizar al erario público. Los decuriones -que eran el equivalente municipal de los senadores en Roma, y ​​que también se llamaban patres conscripti- eran elegidos mediante sufragio por los ciudadanos. Cuando ya habían sido admitidos, normalmente, se mantenían como tales de manera vitalicia.

Otro cargo importante eran los duumvirs. Este cargo, de manera anual, era ejercido por dos personas que eran escogidas de entre los miembros de la oligarquía urbana, mediante comicios públicos. Tenían una función ejecutiva, y presidían el consejo. Paralelamente, los ediles también eran dos y su función era la de controlar temas de orden y cuestiones públicas en general. Ambos duumvirs y los dos ediles podían colegiarse formando así los quattorviri.

Los flamines eran los máximos cargos sacerdotales de la ciudad, normalmente salidos también de familias importantes y que pertenecían, igualmente, al ordo. No hay que olvidar que entonces la política y la religión iban muy ligadas. Los ediles y los pretores salían también de dicho consejo municipal y, posteriormente, podían llegar a ser duumvirs.

Existían en las ciudades romanas otras clases sociales, menos relevantes y, en consecuencia menos privilegiadas que las mencionadas anteriormente, como la plebe (masa social libre), los libertos (ex esclavos) y los esclavos. Los plebeyos solían tener como profesión la artesanía, la pesca, etc. Algunos de los que habían conseguido salir de la esclavitud, mediante diferentes fórmulas posibles, tenían derecho a convertirse en sevir augustal, es decir, los encargados de los cultos al emperador. En caso contrario, los libertos podían ser arrendatarios de talleres imperiales, comerciantes, etc.

Los Romanos (II)

Lo que antes se ha dicho sobre el esquema de gobierno de las ciudades romanas, por pura teoría era de necesaria aplicación al caso de Ibiza, al menos a partir de finales del siglo I de la era cristiana, cuando ya era municipium flauium. Además, la epigrafía confirma esta suposición. Así, Luci Oculaci Recto llegó a ser edil, duumvir y flamen, según consta en una lápida funeraria que le erigió un hijo suyo del mismo nombre (CIL II, nº 3662: A Luci Oculaci Recto, hijo de Lucio, de la tribu Quirina, edil, duumvir, flamen. Luci Oculaci Recto, hijo de Lucio, de la tribu Quirina, hijo, lo puso a su padre indulgentíssim).

El ordo municipal, en momentos determinados, erigiría inscripciones honoríficas a los emperadores de turno. De este tipo se conocen dos, que pertenecen ya al bajo imperio. La primera es la CIL II, núm. 3660, dedicada entre el 10 de diciembre del año 282 y el 1 de enero de 283, decía así: Al emperador César Marco Aurelio Carus, pivotes, feliz, invicto augusto, pontífice máximo, con tribunicia potestad por segunda vez , padre de la Patria, cónsul, procónsul. Las instituciones ebusitanas (ordo ebusitanus) devotas a su numen y majestad ... La segunda (encontrada en la playa d'en Bossa, aunque muy mutilada, dice: A (...) Valeri Constantino (...) con potestad tribunicia ... fue dedicada a Constantino I entre los años 306 y 337.

El año 212, el emperador Caracalla concedió a todos los habitantes del imperio -con la sola condición de que fueran libres- la ciudadanía romana (Constitutio Antoniana), medida que evidentemente incluiría los ebusitanos, si es que de una manera generalizada no lo habían conseguido antes. Este último aspecto, en realidad, se desconoce.

Hay que pensar en una progresiva pérdida de poder por parte del consejo municipal, tras la crisis del siglo III. Este fenómeno, que capta temporalmente buena parte de aquella centuria, significa un crucial punto de inflexión en muchos de los esquemas del alto imperio, tanto políticos, como militares y económicos, entre otros. Así el centro de gravedad urbana empieza a ceder poder en el campo, y el sistema esclavista comienza a desaparecer.

A partir del bajo imperio, y en el transcurso de la época vándala y bizantina se carecen casi por completo de los datos directos para el conocimiento de las formas de gobierno ibicencas. Por ejemplo, hay un personaje, solitario en el marco de los conocimientos actuales, que es el vifrè del anillo de oro encontrado en la finca de Palmer. Algunos autores han sugerido que se trataba de un vándalo, enviado oficialmente a Ibiza. En este caso, debía ser un cargo de la administración local.

Normalmente, las noticias son extremadamente indirectas y vagas, se sabe que las islas (incluidas las Baleares) fueron gobernadas por el general Apolinar, justo después de la conquista bizantina de las islas el 535. Poco más que no sea de carácter deductivo, por no decir elucubrativo, puede añadirse.

La sociedad
En la sociedad romana de Ibiza, durante el alto imperio, hubo familias de evidente notoriedad social. Así la Cornelia fue importante en el transcurso de los siglos I y II. Hay que recordar cómo Lucio Cornelio Long abuelo, Marco Cornelio Avit hijo y los cuatro nietos Lucio Cornelio Long, Gay Corneli Sirvió, Marco Cornelio Avit y Publio Cornelio Cornelio sufragaron una conducción de agua, es decir un acueducto, en la ciudad de Ibiza (aquam in municipium Flauium Ebusum suda pecunia perduxerunt), no lejos del año 79, según una lápida (CIL II, nº 3663) sacada de la isla en el siglo XVI y hoy en el castillo de Corbera (Francia).

P. Cornelio Cornelio, precisamente el último de los nietos de la inscripción que menciona la conducción de agua, según una hipótesis, como mínimo, sugestiva, habría sido el destinatario de una carta de Plinio el Joven donde da cuenta de un juicio que habría celebrado Trajano en Centumcellae el año 106 o 107, donde uno de los acusados ​​era Luci Semproni Senecio, del que se hablará después. Hay otros datos en torno a la saga de los Cornelis.
Los datos sobre esta familia ebusitana, evidentemente de bastante relieve social, no acaban aquí, se acepta la procedencia ebusitana de una lápida hoy peduda (CIL II, 4020), y que dice: ... a Marco Cornelio Avit con el dinero que sobra de lo que en su testamento mandó que se Gastaut en erigirle un mausoleo y una estatua de mármol.

Igualmente la historia quedaría relativamente redondeada si dos inscripciones encontradas en Tarraco (CIL II, 4355-4356) realmente tuvieran que ver con los Cornelis de Ebusus. Una de ellas menciona una dedicatoria funeraria a Marco Cornelio Avit, hijo de Marc y de la tribu Galeria, de parte de su madre Avita Assàlica, mientras que la segunda es similar, pero dedicada a esta última de parte de su madre ( por tanto, abuela de M. Cornelio Avit) Cornelia Avita.

Otra familia ebusitana, sin duda relevante, debió ser la de los Oculacis. Ya se ha hablado de un Lucio Oculacio Recto, que llegó a obtener los máximos cargos municipales y con ellos, seguramente, la ciudadanía romana plena. Así, la lápida CIL II, 3659 menciona una dedicatoria, a sus expensas, a Juno Regina y, tal vez, también a Júpiter Óptimo Máximo, por parte de Lucio Oculacio Recto, padre e hijo, ambos de la tribu Quirina, la esposa del padre, Emilia Restituta y los suyos.

Otro personaje ebusitano importante fue Lucio Semproni Senecio. Él, seguramente, es quien menciona Plinio el Joven en la misiva a Cornelia, acusado de falsificación del testamento de Julio Tirón Getúlico. En cualquier caso, no se debe perder de vista en ningún momento la dedicatoria de la lápida de mármol que Sempronio Senecio hizo a Tirón Getúlico, tal vez, siguiendo otras opiniones, como agradecimiento por haber salido absuelto de estos cargos. Pertenecía a la clase ecuestre y una inscripción en la ciudad fenicia de Sidón, fechada al inicio del reinado de Adriano, menciona que fue gobernador de Judea, y que también tuvo otros cargos, como prefecto de obras, encargado de censos a Tracia y Aquitania, etc. Tal vez murió en el Mediterráneo oriental.

Otras inscripciones podrían informar en torno a otros y mucho más bajos estatus sociales de determinados ibicencos. De esta manera un Caecilianus habría sido esclavo, según refleja también la epigrafía ebusitana. Otros nombres presentes en la epigrafía han sido motivo de más controversia, en torno a su rango social. Es el caso de Marco Antonio Apolinar, que habría recibido el nomen y el praenomen en la época de Gordiano III (238-244). Frumentarii, entonces, podía ser un cuerpo especial, casi policial y Apolinar la traducción de un nombre teóforo púnico.

La religión
La religión en Ebusus durante el alto imperio debe verse como una simbiosis entre los cultos panimperiales, los cuales en cierto modo eran comunes en todo el imperio, y las antiguas tradiciones locales de raíz, evidentemente, fenicio-púnica. De los nuevos cultos romanos, poco se sabe de manera directa. Practicamente no hay datos, ni escritos, ni materiales, que aporten luz. Así, no es fácil hablar de los cultos que hipotéticamente se organizarían en torno a figuras como Júpiter, Juno, Diana, Venus, egipcias como Isis, y muchas otras, el número de las cuales ni merece la pena mencionar, porque son absolutamente desconozcan en Ibiza.

Tal vez, algo parecido podría haber sucedido con Juno Regina, mencionada en la lápida que le dedicaba la familia de Luci Oculaci Recto. En este sentido, hay que recordar las vinculaciones de Juno con Esculapio, segun demuestan, entre otras, inscripciones como la CIL III-993: Caelestis Augustae té Aesculapio Augusto té Genio Carthaginis. Se dice, que parece evidenciarse un proceso de romanización de los dioses ebusitanos de origen púnico en la Ibiza del alto imperio.

Hay que suponer también, que llegarian a introducirse otros cultos de divinidades orientales como la del dios Sol (Helios), que tuvo relativa importancia en el imperio romano en el siglo III. Al menos un Personaje anónimo ibicenco quita un anillo con una montura que representa un cono sobre atributos clásicos, es decir, la corona radiada, el globo en la mano derecha y el látigo a la izquierda.

Los Romanos (III)

Evidentemente, y por otro lado, los ebusitanos estarían familiarizados con las numerosas divinidades y alegorías mitológicas o religiosas que figuraban en los reversos de las monedas imperiales romanas de curso legal en todo el imperio, incluida Ibiza, evidentemente. Después, en el año 313, despés de la batalla del puente Milivi, Constantino se convirtio al cristianismo. Entonces esta religión pasó a ser cooficial en el imperio y acabaron las grandes persecuciones a las que habia sido sometida por el propio sistema oficial, Hasta poco antes, con Diocleciano y Maximiano. Teodosio I, con el edicto promulgado en Tesalónica el año 379 habria dado un paso más, condenando como herejías todo el resto de creencias religiosas.

En qué momento exactamente se introdujo el cristianismo en Ibiza es difícil de precisar. Seguramente y como sucede en muchos otros lugares mediterráneos, a lo largo del siglo IV podrían haber tenido lugar manifestaciones más o menos firmes. Sin embargo, en el siglo V se consolida de una manera clara, por lo que, incluso, está la noticia, como antes se ha visto, del obispo Ofilion de Ebusus, junto con otros obispos de la provincia vándala de Cerdeña, llamado a Cartago para abdicar de la fe en 483, cuando era rey el vándalo Hunerico.

En la época bizantina, no sólo hay más noticias de obispos, sino que la cultura material, incluida la popular, demuestra que el cristianismo era en Ibiza un fenómeno generalizado. Por ejemplo, sobre vasos de barro son muy frecuentes los graffiti post coctionem con cruces y textos de carácter cristiano.

Finalmente, hay que recordar la contesta que Licinianus, obispo de Cartagena, en la época del emperador bizantino Mauricius (582-602), escribió a su homólogo de Ebusus el obispo Vicentius, reprochándole severamente haber dado crédito a una carta presuntamente caída del cielo y firmada por el mismo Cristo, incitando a acciones que Licinanus calificaba de judaizantes.

La economía
Las bases de la economía ebusitana en el transcurso del alto imperio no debían ser muy diferentes a las anteriores. La agricultura, la ganadería, la pesca, la industria -como, por ejemplo, la salinera y derivados- y el comercio serían los argumentos básicos de la subsistencia en aquella época. De la sal, evidentemente, saldrían importantes conservas de carne y de pescado. En S'Argamassa, Santa Eulalia, han sido identificados restos de lo que, tal vez, habría sido una factoría de salazones de pescado y que contaba con un rústico, pero sin duda eficaz, acueducto.

En cuanto a la agricultura, arqueológicamente se registra un buen momento productivo, a juzgar por la repartición de yacimientos rurales en todo el ager ebusitanus. De esta época, además, hay algunos establecimientos completamente excavados, como el edificio A de las palizas de cala d'Hort (San José) o el de Can Fita, este último en la desembocadura del río de Santa Eulària. En ambos asentamientos agrarios se evidencia una buena etapa a juzgar por las instalaciones industriales.

Se plantean algunas preguntas que, por ahora, no tienen respuesta definitiva, una de ellas, a la vez que económica, es de carácter también social: se trata de centros productivos de tipo esclavista, como tantos otros en el mundo romano? Por otra parte es seguro que las salinas de las dos Pitiusas fueron explotadas, aunque no se conocen demasiados detalles, al igual que pudo suceder con las minas de galena de s'Argentera.

Por otra parte, en el transcurso del alto imperio los barcos transportan hasta Ibiza los productos típicos del intercambio mediterráneo centroccidental de aquella época. Cargamentos de la Bética, de la Lusitania, de la Tarraconense, etc. Sin embargo, los transportes de productos de la zona central del norte de África, principalmente de Túnez (Bizazena, Zeugitana) fueron, no sólo de la mayor importancia, sino de más larga duración. De hecho, no sólo en el transcurso del alto y bajo imperio romano y la época vándala, sino hasta el fin de la época bizantina -en pleno siglo VII, o después y todo- Ibiza recibió productos de Túnez, especialmente cerámicas rojas de mesa y ánforas que transportaban, sobre todo, salazones de pescado.

En cualquier caso, aunque advirtiendo que los datos objetivos no son del todo abundantes, hay que recordar que en la fase avanzada del bajo imperio y en fases posteriores de la antigüedad tardía, la industria agrícola (elaboración de aceite etc.), tal vez decayó, a favor de la ganadería.

La cultura material
La estatuaria monumental aparece en Ibiza con la época romana. Si existía de época púnica, lo más posible, ésta todavía no ha sido documentada satisfactoriamente. Pertenecientes a un momento posterior al año 75 cabe citar, de manera muy especial, un thoracator y un togado, ambas piezas, de mármol blanco, junto con otra femenina, más antigua, debían exhibirse en el foro de la ciudad. La primera de dichasobras representa un personaje masculino con una coraza decorada con dos grifos. Esta estatua procede de una taller del Mediterráneo oriental, y data de la época de Adriano o de Antonino Pío (117-161). En cuanto al togado, que a su lado lleva una caja, al igual que la mencionada antes, le falta la cabeza. Puede pertenecer a la época de los Flavios.

Otras piezas de la corta serie de esculturas romanas de Ibiza pueden ser anteriores al año 75. Este tipo de esculturas, junto con las lápidas epigráficas eran instaladas, sin duda en sitios relevantes de la ciudad, como el foro, para familias y personajes importantes de la sociedad ebusitana del alto imperio, para esgrimir su poder y, al mismo tiempo, perpetuar su memoria.

La arquitectura imperial y de la antigüedad tardía en Ibiza no es, precisamente, un ejemplo de grandes edificios ni de monumentalidad. En la ciudad no se conocen los edificios típicos de una urbe imperial, como el teatro, el circo, el anfiteatro, las termas, etc. Incluso algunos acueductos conocidos en las cercanías parecen ser de lo más modesto. Únicamente podría hacerse mención del tambor de una gran columna encontrado en el siglo XVIII (actualmente desaparecido) en una cisterna del palacio Episcopal. Tal vez, perteneció a un templo mínimamente relevante de la alta acrópolis, del cual nada más se sabe, pero, de cualquier modo, resulta ser un caso excepcional.

Tampoco las villae rurales parecen caracterizarse por una desmedida grandiosidad, exuberancia constructiva o riqueza material. Tanto en la ciudad, como el campo, carecen -o son francamente escasos- elementos arquitectónicos que puedan calificarse, mínimamente, de suntuarios. La instalación de Can Fita llegó a tener en época imperial alguna habitación decorada con pinturas murales. Aparte de eso, nada sale de lo que debe considerarse normal.

Ibiza y las circunscripciones administrativas romanas y tardoantiguas
Al menos al llegar la municipalización, es decir, cuando la pérdida de «autonomía», debe pensarse que Ebusus, debía pertenecer a la Tarraconense. Por lo menos, el Liber Generationis Hyppoliti refiere que las islas que pertenecen a Hispania Tarraconense.

Posteriormente, hacia el 293, Diocleciano hizo una reestructuración de manera que las islas Baleares se integraron en la Carthaginsensis, hasta el 385 (en época del emperador Teodosio I) cuando fue creada la provincia Baleárica, que era una de las seis de la diócesis de Hispania, con jefatura en las Galias. Este sistema, seguramente, se mantuvo hasta que los vándalos, poco después de la mitad del siglo V, lo anexionaran al reino de Cartago.

Entonces, al menos en época de Hunerico, aparece como parte de la provincia o demarcación de Cerdeña, junto con Mallorca y Menorca. También perteneció a la provincia sarda en la primera época bizantina, hasta una importante reestructuración, de la que da cuenta Cyprios en el siglo VI en la Descriptio Orbis Romani, mediante la cual las islas, incluida Ibiza, pasaban a formar parte de la provincia Mauritania II, capitalizada por Septem (Ceuta).
Joan Ramon Torres [Jort] (Enciclopèdia d'Eivissa i Formentera)


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