Agricultura en Ibiza Agricultura en Eivissa

La Agricultura en Ibiza

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La Agricultura (I)

Se puede decir que la agricultura llega a Ibiza y Formentera con los primeros pobladores, a lo largo de la Edad del Bronce (2000-1500 aC). La poca información que tenemos de esta época es la que nos proporciona la arqueología. Gracias a ella, se supone que la actividad agraria era limitada a algún cereal, que debía ser el elemento primordial de la dieta alimentaria. Con este grano, después de molerlo, se debía fabricar algún tipo de pan o producto similar. La ganadería podía estar formada por cabras y ovejas, que les debían proporcionar leche, carne y pieles. De la recolección saldría una parte importante de la dieta: moluscos, huevos de aves, vegetales comestibles, etc.

La llegada de los fenicios (650-580 aC) debió representar la puesta en cultivo de una pequeña parte des pla de Vila, con una producción destinada muy probablemente al abastecimiento de la población del enclave. A éstos les siguieron los púnicos, llegados entorno al 575-550 aC. Con el tiempo pondrán en cultivo una parte importante de la isla de Ibiza, con una producción agraria destinada en gran medida a la exportación, y además cubrir la demanda interna. Los dos productos agrarios que habitualmente se destinaban a la exportación eran el vino y el aceite, y por eso se les debió dedicar importantes superficies. Según algunos indicios, ya en esa época Ibiza presentaba unas pautas de distribución del poblamiento que duraron hasta época muy reciente: una ciudad con un campo, y en este campo una población que vive dispersa en las propias explotaciones.

De época púnica conservamos una descripción de la isla basada en textos de los siglos IV-III aC. Se nos habla de producciones de vino, aceite y lana. En plena Segunda Guerra Púnica (219-201 aC) hay un ataque de los romanos contra Ibiza, donde éstos consiguen un botín importante en el campo, lo cual es una muestra de su riqueza.

Poco a poco, con la caída de Cartago y el dominio total del Mediterráneo por parte de los romanos, se iniciará la decadencia del mundo agrario en la isla de Ibiza.

La poca información que tenemos del mundo rural pitiuso en época romana apunta hacia un mantenimiento de las pautas del poblamiento disperso, centrado en las villae como núcleo de las explotaciones, tal vez con una mejora de las técnicas de cultivo, y se destacaría el inicio del poblamiento rural en la isla de Formentera, inexistente, según los indicios, en la época fenicio-púnica.

A lo largo del siglo III el mundo agrario pitiuso entra en crisis, tal como lo demuestran las excavaciones hechas en el enclave de Can Sorá. Más adelante, y según los datos proporcionados por el mismo yacimiento, habrá recuperaciones parciales de la actividad agraria, una primera el siglo IV dC y una segunda a mediados del siglo VI dC, esta última coincidiendo con la llegada de los bizantinos a nuestras islas.

Las Pitiusas entran después en una fase con una falta casi absoluta de datos, que cubrirá los siglos VII a X, pero que debió representar una muy fuerte decadencia de la actividad agraria, hasta unos niveles de abandono de muchas -quizás la mayoría - de las explotaciones (como sería el caso de can Sorá).

Con la llegada de los musulmanes en el año 902, se produce un nuevo cambio. Muy pronto, se debió dar un fuerte incremento de las actividades agrarias, muy especialmente en lo que se refiere a los cultivos de regadío, como lo demuestra el hecho de que muchas de las palabras relacionadas con el riego que se utilizan actualmente son de origen árabe (acequia, lavadero, aljibe, noria, etc.).

Los musulmanes aplicaron en las Pitiusas muchas de las técnicas que ellos conocían para el aprovechamiento de la escasa agua que hay en nuestras islas. Para poder extraer las aguas de la capa freática emplearán la noria, que llevará el agua a la superficie, donde la almacenarán en lavaderos, para ser repartida finalmente por los campos con un complejo sistema de acequias. Los aljibes recogían el agua de lluvia en las zonas rocosas, mientras que los pozos y cisternas proporcionaban agua para el consumo doméstico.

La Agricultura (II)

Uno de los sistemas más ingeniosos empleados por los musulmanes era el de los bancales, en las zonas húmedas cercanas a la ciudad. Consiste en un conjunto de canales perpendiculares abiertos a antiguas zonas de prado, que permiten que las pequeñas parcelas que quedan rodeadas por las acequias sean regadas por capilaridad (la humedad llega a las plantas a través del suelo). La entrada a los bancales era rodeada por un portal en forma de arco.

Las diferentes fuentes de la época nos proporcionan información relacionada con los cultivos: por un lado, estaban aquellos que debían estar destinados a un consumo local, entre los que debían destacar los cereales y las hortalizas. Por otra parte, debía haber aquellas producciones destinadas mayoritariamente a la exportación. Los mencionados por las fuentes de la época son las uvas, las almendras y los higos. Todas aquellas zonas no cultivadas de nuestras islas debían servir para el pasto de rebaños, de entre los cuales los más numerosos serían los de cabras. Da la impresión de que la mayoría de agricultores musulmanes eran propietarios de sus tierras, y que sus obligaciones se debían limitar al pago de unos impuestos, más o menos importantes según el momento político concreto. Todo ésto sería favorecido por el hecho de que, en la sociedad musulmana, el sistema de poder no se fundamentaba en la propiedad de la tierra, lo que permitía que los cambios políticos internos no afectassin en exceso la actividad económica.

Como se puede deducir de todo lo mencionado, el campo pitiuso debió conocer en época musulmana uno de sus momentos de máximo esplendor. En cuanto a su división territorial, sabemos que a principios del siglo XIII, en el momento de la conquista catalana, el campo pitiuso estaba dividido en cinco distritos: Alhauet, Algarb, Benizamid, Portumany y Xarq. Respecto al sistema de distribución del poblamiento rural, todos los indicios apuntan hacia una continuación de las pautas de épocas anteriores, es decir, un poblamiento disperso, sin la existencia de grandes concentraciones de casas, con una ciudad, la Madina Yabisa . La tipología de explotación agraria más habitual era la alquería, y en un segundo plano los cobertizos. La diferencia entre las dos tipologías es hoy día muy difícil de concretar, pero los indicios apuntan a que las alquerías podían ser unidades de explotación de un cierto tamaño, y los cobertizos eran más pequeños.

La conquista catalana (1235) cambiará por completo la situación. El modelo predominante en la sociedad cristiana era el feudal (feudalismo), que se fundamenta en el dominio de la tierra, y concentra su propiedad en manos de unos pocos. Pero, además, el cambio afectará incluso al sistema de cultivos. De entrada, se dejarán de lado la mayoría de cultivos de regadío que serán sustituidos por lo que se conoce como trilogía mediterránea (granos, olivo y vid). Las razones de este retroceso de las técnicas agrarias podrían relacionarse con la posibilidad de transportar, sin problemas de conservación, el aceite, el vino y los granos. A lo largo de la Baja Edad Media (siglos XIII-XV) se debió producir una forestación muy lenta del campo.

Las causas debieron ser diversas: la inseguridad, provocada por las razzias (o ataques) de los musulmanes, las pestes, los años de malas cosechas, etc. Una muestra de este hecho es que, a mediados del siglo XIV, el rey concede permiso para poder ir a tomar cautivos a las costas de Berbería, porque éstos son los que hacen muchas de las labores del campo.

La densidad de población, a lo largo de toda esta época, se situará entre los 2-3 habitantes por km2, una de las más bajas de nuestra historia. La isla de Formentera quedará despoblada desde finales del siglo XIV hasta finales del siglo XVII.

Como es de suponer, las primeras zonas en ser repobladas debieron ser las planas, más fértiles y fáciles de poner en cultivo, tal como nos lo demuestra la construcción de las primeras iglesias rurales (San Antonio, Santa Eulalia, Jesús y San Jorge). Sin levantarse templos en el campo, no habrá pueblos: la gente, tal como había sucedido en fases anteriores, continuará viviendo dispersa.

La Agricultura (III)

Muchos agricultores de las Pitiusas no eran propietarios de las tierras, por lo que tenían que hacer un pago anual (en sueldos o en especie) al señor. Además tenían que pagar los diezmos, impuesto que representaba en torno al diez por ciento de la cosecha y que se repartía entre varias instituciones.

A lo largo del reinado de la Casa de Austria (siglos XVI-XVII), la situación no mejora mucho. Los ataques de los turcos serán una de las constantes del siglo XVI, hasta la derrota de la flota turca en Lepanto (1571). Como es de suponer, el campo sufría constantemente ataques eventuales de los turcos, con el objeto de hacer cautivos o robar lo que pudieran. Por este motivo se crea un sistema de vigilancia para avisar en caso de peligro, y se refuerza una serie de lugares determinados (como pueden ser las iglesias). Pasado el peligro turco, el poblamiento en el campo debió experimentar un fuerte aumento. A pesar de ello, la producción, especialmente de granos, sigue siendo deficitaria, lo que obligará a la Universidad a comprar granos fuera, aprovechando para ello los beneficios que daba la producción salinera.

Al entrar en el siglo XVIII, ya se ha de destacar un hecho: se repuebla la isla de Formentera, y esto representa una muestra más de la fuerte presión demográfica que sufre el campo de la de Ibiza, donde se han de construir nuevas iglesias, en San José y en San Juan. A lo largo de este mismo siglo se producirán dos intentos, por parte de representantes de la Ilustración, de mejorar la producción agraria. El más importante es el que se da a finales de siglo, de manos del obispo Manuel Abad y Lasierra y del asesor Miquel Gaietà Soler. Lo que intentan, además de diversificar la producción agraria, es concentrar la población rural en núcleos, para controlar mejor. Ambas ideas tuvieron una plasmación muy relativa en la realidad: a pesar de que se trajeron árboles de fuera y operarios para mejorar la producción agraria, su incidencia debió ser relativamente poco importante. Y en cuanto al tema de los pueblos, a parte de la iglesia, en la mayoría, poco más se edificó.

El siglo XIX representa un fuerte aumento de la superficie cultivada, motivado por el fuerte crecimiento de la población que se produce a lo largo del siglo. Cuando las llanuras fértiles ya son todas de cultivo, se empieza a sembrar en zonas marginales, sobre todo en las laderas de los montes. Las características básicas de este modelo tradicional eran: la pequeñez de las explotaciones, el hecho de que la misma familia realizaba todos los trabajos, y que se destinaba la mayor parte de la producción al autoconsumo, aprovechando el pequeño excedente que quedaba para realizar las compras imprescindibles.

A lo largo de la primera mitad del siglo XX se produce un cambio en el paisaje agrario de nuestras islas. Si a mediados del siglo XIX la gran mayoría de los campos isleños eran destinados a la producción de cultivos herbáceos,fundamentalmente cereales (trigo, cebada, avena, etc.), un siglo más tarde la forma de cultivo dominante es una entre herbáceos y arbóreos, y entre estos últimos se destacan el algarrobo y el almendro, que verá su gran difusión desde de principios de siglo. A pesar de los aumentos de superficie cultivada y las mejoras en las producciones agrarias, la emigración será un fenómeno muy habitual entre los pobladores del campo pitiuso a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del XX. Los años cincuenta y principios de los sesenta posiblemente serán los mejores años de la agricultura pitiusa, que verá aumentar aún más el número de árboles, además de la aparición del cultivo de la patata temprana, destinada a la exportación a Inglaterra.

La llegada del turismo, a mediados de los años sesenta, volverá a provocar un cambio profundo en el modelo agrario pitiuso. Se producirá un rápido abandono de muchas de las explotaciones agrarias, al ser mucho más rentable el trabajo en la industria hotelera que no en el campo. La superficie dedicada a cultivos herbáceos se reducirá a la mitad entre los años 1960 y 1980, y la de arbóreos en un 20%. En el campo, la población que permanecerá será mayoritariamente la de más edad, con todos los problemas que ello conlleva.
Ernest Prats Garcia [EPG]
Enciclopèdia d'Eivissa i Formentera


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