Museo Arqueológico de Ibiza

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ARQUEOLÓGICO | Puig des Molins
Arte Contemporáneo | Puget | Etnográfico


Museo Arqueológico (I)

El Museo Arqueológico d’Eivissa i Formentera (conocido también como MAEF) cuenta con dos sedes, una de ellas se ubica en Dalt Vila (Capilla del Salvador) y la otra en la necrópolis púnica de Puig des Molins (de hecho es un museo monográfico sobre la misma necrópolis).

La sede de la Capilla del Salvador
El museo más antiguo o primitivo es el situado en Dalt Vila, en la plaza de la Catedral, parte alta de la ciudad amurallada, donde se encuentran también el Castillo, la casa del Obispo, la casa de la Curia, la antigua Lonja, hoy convertida en es Mirador (desde donde se puede ver una magnífica panorámica del barrio de sa Marina, el puerto y el ensamble moderno) y la iglesia de santa María, constituida catedral en 1785.

Ocupa la capilla del Salvador y la sala de la Universidad, construidas, ambas, a mediados del siglo XIV, y que fue sede del Ayuntamiento hasta 1838. Posteriormente, con la construcción de la muralla Renacentista por Calvi y Fratín en la segunda mitad del XVI, el edificio fue ampliado al baluarte de santa Tecla. Todas estas construcciones fueron cedidas al excelentísimo Ayuntamiento d’Eivissa. Se ha mantenido la estructura original del edificio adaptándolo a las necesidades museísticas.

El museo se crea en 1907, cuando la Sociedad Arqueológica Ebusitana dona su colección al Estado. La Sociedad Arqueológica Ebusitana fue fundada en 1903, y entre sus miembros figuran nombres ilustres de la arqueología ebusitana, como Arturo Pérez-Cabrero, Vives Escudero, Joan y Carles Roman o Fidel Fita. Excavaron en muchísimos lugares de la geografía ibicenca (Carles Roman especialmente, ya que abarcó muchos yacimientos rurales: ses Païsses de Cala d’Hort, can Miquel d’en Curt, era des Matarets, Can Pis…) pero especialmente las necrópolis de Puig des Molins, sa Barda y ses Torres, y los santuarios de s’Illa Plana y es Cuieram.

MUSEO MONOGRÁFICO DE PUIG DES MOLINS (I)
Su historia se inicia el 8 de octubre de 1929 (año del fin de la dictadura de Primo de Rivera) con la visita del rey Alfonso XIII a Ibiza. Carles Roman, director del vetusto Museo Arqueológico de Dalt Vila, aprovechó la visita para plantearle al monarca un ambicioso proyecto en la necrópolis de Puig des Molins. Y tuvo éxito porque obtuvo la declaración de monumento histórico-artístico para la necrópolis, el compromiso para la compra de los terrenos que estuvieran bajo propiedad particular y la promesa de la construcción de un nuevo museo que acogiera los materiales que abarrotaban el pequeño edificio de la capilla del Salvador desde 1907.

El proyecto preveía el cierre parcial de la necrópolis con un muro de obra y una reja que circunvalaba un perímetro de 1198 m, con una superficie total de 77 500 m², de los cuales 62 300 m² correspondían propiedades privadas y 15 200 m² al ejército. El coste total de la obra se cifró en 700.000 pesetas.

Con la caída de la monarquía y la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, el plan se vio frustrado. Pero aun así, el nuevo régimen republicano, el 3 junio de 1931 mantuvo para la necrópolis el estatus de monumento histórico-artístico, aunque la nueva orden ministerial no estableció los límites del yacimiento, seguramente porque por aquella época (como también en la actual) se desconocían sus límites exactos. Esta imprecisión hizo que el crecimiento urbanístico, lenta pero inexorablemente, afectará gran parte de la necrópolis, sobre todo en la parte baja, donde al estar cubierta por sedimentos (en la parte alta el afloramiento de la peña hace visibles los hipogeos) era menos visible.

La Ley del Patrimonio Histórico-Artístico del 13 de mayo de 1933 tampoco mejoró mucho las cosas. Roman, animado por la visita del presidente de la república, Niceto Alcalá Zamora (el 4 de abril de 1932), volvió a insistir con su proyecto del cerramiento y la expropiación de los terrenos, incluso había ofrecido gratuitamente una parcela en la finca de can Partit, propiedad de su familia, para edificar el nuevo museo, pero no consiguió que lo aprobaran.

Finalmente Roman consiguió su objetivo. Con la donación de parte de su finca, las obras se adjudicaron al contratista Miguel Guasch Clapés y el arquitecto fue Francisco Roca Simó. Pero nuevamente la desgracia parecía cernirse sobre este monográfico, se inicia la Guerra Civil.

Eso hizo que la obra, con libramiento previsto para diciembre de 1936, se parará el 19 de julio (día del Alzamiento), cuando sólo se habían levantado las paredes maestras. Y no fue hasta la llegada de Mañá a la dirección del museo (1944-1964) cuando se dio un auténtico empujón a estas obras.

Su principal “instigador” no pudo ver su obra finalizada.

Museo Arqueológico (II)

José María Mañá de Angulo (1912-1964) fue el director del Museo Arqueológico de Ibiza durante veinte años (1944-1964). Nace en Madrid en 1912 y se licencia en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid en 1941. Ejercerá como profesor de esa misma universidad hasta su ingreso en el Cuerpo Facultativo de Archiveros Bibliotecarios y Arqueólogos en 1944. Ese mismo año es destinado a Ibiza y recibe el nombramiento de Comisario Delegado Insular de Excavaciones Arqueológicas en Ibiza y Formentera.

A su llegada a Ibiza, Mañá tuvo que realizar su trabajo en unas condiciones bastante difíciles, ya que España se encontraba sumida en los años de posguerra. Ni que decir tiene que las partidas presupuestarias y las subvenciones para actividades arqueológicas eran prácticamente inexistentes, pero aún con estas penurias económicas hay que decir que desarrolló una actividad notable como investigador y arqueólogo en campo. Destacan entre sus investigaciones:

El estudio de las terracotas acampanadas del santuario de Es Cuieram, de las que realizó un primero ensayo de tipología.
El estudio de los cascarones de huevos de avestruz con decoración.
Y la tipología de las ánforas púnicas.

Sin duda este último trabajo es el que más renombre le proporcionó; además de ser el más conspicuo y necesario para la época, llenando un vacío en la investigación del Mediterráneo Occidental. A día de hoy, y no sin dejar de admitir que se ha quedado un poco obsoleta por el trabajo de Joan Ramón (Ramón, 1995), su tipología sigue siendo citada reiteradamente, a nivel nacional e internacional, por los arqueólogos en sus trabajos en campo y por la bibliografía especializada de las publicaciones.

Entre 1946 y 1955 realizó seis campañas (1946, 1949, 1950, 1951, 1954 y 1955) en la necrópolis de Puig des Molins, yacimiento donde se encuentra actualmente el museo monográfico –construcción que se reinició precisamente bajo su dirección– y que en 1999 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En 1949 se convierte en vicepresidente del Institut d'Estudis Eivissencs.

Al margen de estas intervenciones también realizó excavaciones en la Illa Plana (1953 con M. Astruc), en Sant Mateu d'Aubarca (Can Callarga en 1955 con M. Astruc) y con D. Benito Vilar Sancho rescató en la Bahía de Sant Antoni de Portmany el primer pecio de Ibiza (1962-1963). En 1964 es nombrado miembro de la Asociación Española de Orientalistas, ese mismo año, el 7 de noviembre, muere en Madrid. Al año siguiente, 1965, el arquitecto Antonio Roca Cabanellas, hijo del anterior arquitecto, acaba el Museo Monográfico del Puig des Molins. Muy pronto se vio que no tenía capacidad suficiente para albergar todos los materiales, como fue su objetivo original, por lo que se decidió mantener el museo de Dalt Vila como museo general y el museo de Puig des Molins se convertiría en un monográfico de la necrópolis. El nuevo museo se abre el año 1966 para acoger la segunda edición de la Bienal d’Art Contemporani d’Eivissa. Posteriormente en 1968, fue inaugurado definitivamente como Museo Monográfico de Puig des Molins.

El monográfico ha pasado grandes temporadas cerrado y envuelto en múltiples reformas. El período más escandaloso fueron dieciocho años de cierre (1995-2013), manteniéndose el personal más caro de todos los museos de las Baleares (infra 6) y privándose a generaciones enteras de ibicencos y turistas de una de las joyas patrimoniales de la isla. Una auténtica vergüenza para una necrópolis única en el Mediterráneo Occidental y que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en la sesión de 1999 en Marrakech. El director del MAEF, desde 1974, es Jordi H. Fernández.

Secciones del Museo
Sede de la Capilla del Salvador (Dalt Vila)
La exposición permanente ocupa más de tres mil años de historia de las Pitiusas, desde los primeros pobladores hasta la conquista catalana de 1235. La sede está dividida en seis áreas: prehistoria, colonización fenicia, época púnica, época romana alto imperial, época romana bajo imperial, antigüedad tardía y época medieval islámica.

Se accede al Museo desde la plaza de la Catedral. La entrada es la Capilla del Salvador, donde se encuentra el vestíbulo, ahí está la recepción, sección de venta de publicaciones, reproducciones, postales y el guardarropa. La visita se inicia por una sala de la antigua Universidad, que se ha dividido en dos espacios. El recorrido debe hacerse por la derecha, donde se encuentra el área de prehistoria y el área de colonización fenicia. Mediante una larga escalera se llega al corredor del baluarte de Santa Tecla, donde se expone la época púnica. Al final del pasadizo, subiendo las escaleras, en la tercera sala se exhiben la época romana alto imperial, y en la cuarta sala la época romana bajo imperial y antigüedad tardía.

Museo Arqueológico (III)

MUSEO MONOGRÁFICO DE PUIG DES MOLINS (II)
El Puig des Molins fue el cementerio de la ciudad de Ibiza durante toda la Antigüedad. Está situado a 500 m a poniente del Puig de Vila, donde está emplazada la ciudad desde su fundación en el siglo VII a.C.

La colina del Puig des Molins forma parte de un pequeño macizo montañoso, formando una pequeña carena con tres elevaciones. Recibe el nombre de Puig des Molins debido a la existencia de molinos de viento en su cima desde al menos el siglo XIV, hoy en desuso.

La parte baja de la ladera, fue el lugar que los fenicios, fundadores de la ciudad de Ibiza, a mediados del siglo VII a.C., eligieron como cementerio de sus difuntos. El cementerio inicial ocupaba unos 10000 m2 de extensión, desde ese momento y durante toda la Antigüedad, fue donde se emplazó la necrópolis urbana. Como es habitual en las ciudades fenicias, el espacio de los vivos y el de los muertos estaba próximo, aunque separados por un accidente geográfico, en nuestro caso una pequeña vaguada, formada por las actuales calles de Joan Xicó, Tanit y Joan Planells.

En época púnica, desde fines del siglo VI hasta mediados del siglo IV a.C., el cementerio experimentará un enorme crecimiento como consecuencia del desarrollo de la ciudad, llegando a superar las 5 Ha. Las sepulturas se distribuyen por toda la vertiente septentrional, desde la cima, que constituye el límite físico del antiguo cementerio, hasta el llano situado al pie, donde se instaló un conjunto de talleres artesanales que elaboraban cerámica y que, en época romana abandonada la actividad artesanal, se convirtió en la zona de expansión de la necrópolis a lo largo de la época imperial hasta la Antigüedad Tardía. En época romana (siglos I-V d.C.), el área cementerial se extiende hasta alcanzar la avenida España, e incluso la calle Aragón en los siglos de la Antigüedad Tardía (VI-VII d.C.).

Uno de los elementos más característicos de la necrópolis son los hipogeos, que constan de un pozo rectangular de acceso y de una cámara subterránea, generalmente de forma cuadrangular.

Muchos de sus pozos fueron utilizados por los campesinos, en época moderna y contemporánea, para plantar árboles frutales, sobretodo olivos, que actualmente confieren al lugar su característica fisonomía. Debido a la cobertura de sedimentos y vegetación, exteriormente sólo son visibles unos 350-400 hipogeos; sin embargo, a partir de los muestreos de densidad realizados en diversos sectores, el número real se estima en torno a los 3000, sin contar otros tipos de sepultura.

Actualmente, y debido a la interrupción de las labores agrícolas, toda la superficie del yacimiento se encuentra cubierta por una capa de sedimento y una espesa vegetación arbustiva silvestre, que ocultan la mayor parte de las sepulturas. Exceptuando la casa payesa de es Porxet, los únicos elementos en superficie sobrepuestos al yacimiento original son algunas paredes de piedra seca levantadas en el siglo XIX para hacer bancales de cultivo y desmontadas a principios del siglo XX, en el transcurso de las grandes campañas de excavaciones arqueológicas, y unos polvorines, una garita y algunos restos de escaleras, bancales y estructuras que perduran en el que fue sector militar.

El rápido crecimiento de la ciudad en los 60, 70 y primera mitad de los 80 del siglo XX, y la protección -aunque parcial e insuficiente- ejercida sobre el yacimiento, ha motivado que esta zona haya quedado como un área verde del ensanche urbano, libre de edificaciones.

Cabe señalar, que desde la Antigüedad hasta el siglo XX, muchos de los hipogeos fueron objeto de saqueo por parte de “ladrones de tumbas” y “buscadores de tesoros”, cuyo efecto más visible fue el de horadar las paredes laterales de muchas cámaras para poder pasar a las contiguas. Hoy en día este tipo de alteraciones, se consideran como testimonios de indudable valor histórico, que ilustran otras actividades humanas realizadas en el yacimiento.

En definitiva, hoy puede afirmarse que el Puig des Molins no solo es la necrópolis antigua más importante de la isla, sino también el lugar que ha proporcionado las series de materiales más numerosas y variadas, convirtiéndolo en el mayor yacimiento arqueológico de las Pitiusas y en hito fundamental para la investigación y reconstrucción de la historia de la ciudad y la isla durante la Antigüedad.

Por otra parte, las 5 ha. conservadas de superficie original, actualmente la convierten en la principal necrópolis púnica existente en el Mediterráneo.

Por ello fue incluida en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, “Ibiza Biodiversidad y Cultura” 1999.


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