Arquitectura Arquitectura

Arquitectura Contemporánea en Ibiza

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Arquitectura Contemporánea (I)

Con la inauguración del teatro Pereira 1898, se introduce en Ibiza un nuevo estilo ornamental de inspiración clasicista y de origen colonial. Los autores de esta arquitectura fueron arquitectos y, principalmente, maestros de obras de formación autodidacta, que volvieron de las colonias de ultramar y pusieron aquí en práctica los conocimientos adquiridos durante su estancia fuera de la isla. El estilo colonial se manifiesta con su carácter más representativo en el paseo de Vara de Rey, con el edificio del Grand Hotel, hoy hotel Montesol, inaugurado en 1933 y construido por el maestro Joan Gómez Ripoll "Campos", aunque en otros barrios de la ciudad, entonces en expansión (s'Hort del Bisbe, la avenida de España, es Viver, sa Capelleta), también se encuentran ejemplos muy significativos.

La influencia de esta arquitectura, llamada también de indiano, durará hasta los años cuarenta y llegará incluso a la arquitectura llamada rural o popular. Las casas del pequeño núcleo urbano de San Rafael de Sa Creu (1931), del maestro de obras Toni den Portmany, con sus porches orientados hacia la carretera, y algunas casas rurales, son muestras evidentes. Durante el primer tercio de siglo, la intervención de los arquitectos, principalmente mallorquines y de tendencias historicistas o regionalistas, es más bien escasa, y se limita a algunos proyectos de viviendas, caso del grupo La Ebusitana (1931), del arquitecto mallorquín J. Alomar Bosch, y el trazado de algunos planes de ensanche de la ciudad de Ibiza y del pueblo de Santa Eulalia, hechos por los arquitectos provinciales.

En los años treinta, arquitectos del movimiento moderno, como Sert, Rodríguez Arias, Torres Clavé, Illescas y Erwin Broner, visitan la isla y encuentran en su arquitectura popular la funcionalidad y la racionalidad que proponían para el desarrollo de la arquitectura moderna, y la dan a conocer mediante diferentes artículos publicados en la revista AC del GATEPAC, grupo del que formaban parte, excepción hecha de Broner. Algunos de ellos, como Broner y Rodríguez Arias, vuelven a Ibiza y se establecen definitivamente. Éste, unos años después de la Guerra Civil y Broner, en 1959.

En su primera etapa ibicenca realizan aquí una serie de proyectos: pequeñas casas unifamiliares y edificios de uso turístico, dos tipos de obras entre los que se observa una diferencia básica: en las propuestas de viviendas mínimas hay una voluntad de equilibrio entre la arquitectura popular y el racionalismo, ya que si en éstos se utilizaban materiales tradicionales junto con otros nuevos, y en el trazado de las plantas es evidente la influencia de la casa rural ibicenca, en el caso del proyecto para un hotel en la playa de Talamanca, de Sert y Torres Clavé, el modelo propuesto es puramente funcionalista. En este sentido, la casa de baños en Talamanca (1934), hoy desaparecida, del arquitecto E. Broner, y su proyecto de viviendas para una playa de Ibiza, se pueden considerar como los primeros ejemplos de arquitectura moderna en las Pitiusas, con un lenguaje directamente conectado con la arquitectura europea del momento.

Aunque la construcción hasta los cincuenta sea escasa, se pueden distinguir tres tendencias, casi como en el resto del Estado: la historicista, como podría ser la del edificio de la Comandancia Militar; la racionalista, en el caso de los tres edificios construidos en el paseo de Vara de Rey, obra de arquitectos mallorquines, como Moragues, que recuperan un lenguaje que ya habían utilizado antes de la Guerra Civil; y la regionalista de clara inspiración populista, especialmente en las casas unifamiliares. Este último estilo es el que llegará a tener mayor implantación y el que inician los aparejadores José Ferrer y Jaume Mauri, colaboradores en aquella época del arquitecto español Rafael Llabrés. Sus obras se caracterizan por la utilización de volúmenes sencillos y por la incorporación de imitaciones de formas de la arquitectura popular ibicenca en un contexto de sobriedad y sencillez constructiva.

Esta arquitectura es la que probablemente se exportará a la península con el nombre de estilo ibicenco, y que con el crecimiento económico y con la consiguiente mejora de las posibilidades técnicas, irá perdiendo su sencillez original y acabará convirtiéndose en el llamado estilo Transmediterráneo, que ya se encuentra en casi todas las zonas turísticas del Mediterráneo, y caerá en el que, ya en 1935, desde la revista AC, concretamente en el nº 18, se criticaba, hablando de «engendros de la arquitectura típico-popular».

La mayor parte de la arquitectura que se hace durante estos años es de escasa calidad. Las únicas obras de interés son las realizadas por los arquitectos que ya habían estado en la isla antes de la Guerra Civil y que ahora se establecen, caso de Erwin Broner y Germán Rodríguez Arias, o por Raimon Torres, hijo de José torres Clavé -uno de los miembros más activos del GATEPAC-, que poco después de terminar los estudios de arquitectura también fija su residencia en Ibiza, y por otros como Pratmarsó, Illescas y Josep Lluís Sert, con intervenciones ocasionales.


Arquitectura Contemporánea (II)

La arquitectura de todos ellos, aunque continúa inspirándose en nuestra arquitectura rural, como es evidente en la primera casa que Sert construye en Ibiza, en Dalt Vila, en 1961, o en las casas de la urbanización de Can Pep Simó (1966-68), donde también construye Rodríguez Arias, intenta siempre huir del tópico fácil, e introduce elementos innovadores, principalmente aquellos que permiten controlar la luz y, a partir de aquí y de otros elementos, jerarquizar los diferentes espacios, análogamente a lo que sucede en las casas payesas, donde se encuentran tantos matices, desde el camino de llegada a la finca hasta el interior de la casa.

Así, esta arquitectura cada vez será más mediterránea y menos localista, y es en este sentido que es especialmente interesante la urbanización de Can Pep Simó, donde una de las primeras cosas que se pone en cuestión es el hasta entonces "intocable" color blanco, y se introducen también elementos innovadores, como pérgolas, patios, etc.

Esta tendencia ya es bien clara en el caso de la obra de Raimon Torres, que incluso la llega a trasladar desde las viviendas unifamiliares a edificios residenciales. La obra de Broner es la aportación más original a la arquitectura contemporánea hecha en Ibiza y una de las más valiosas en el conjunto de nuestro patrimonio arquitectónico. En sus construcciones, normalmente pequeñas reformas y casas unifamiliares, la arquitectura del movimiento moderno se expresa en un lenguaje tomado directamente de nuestra arquitectura popular, que ya hacía años que conocía profundamente, sin caer en la copia fácil o en la reproducción mimética tan de moda en aquellos años. Su mérito es básicamente la fuerza expresiva conseguida con gran economía de elementos, tanto los expresivos como los materiales, circunstancia que no se puede desligar de su faceta de pintor, ya que es difícil de entender el conjunto de su producción arquitectónica, hecha con cuidado de artesano, sin tener en cuenta esta doble personalidad artística de arquitecto y pintor, junto con el aprecio que sentía por esta tierra, que tuvo en él un ciudadano realmente excepcional.

A partir de los años setenta, la arquitectura que se hace en Ibiza es reflejo de la pluralidad arquitectónica del momento, motivada en gran parte por la importante afluencia de profesionales que empiezan a trabajar, y se rompe, así, una de las constantes que se había mantenido hasta entonces; el estilo "ibicenco", que era un modelo que se tomaba sólo para las viviendas unifamiliares, y, en cambio, para la construcción de edificios residenciales, básicamente de uso turístico, la referencia era, con mayor o menor fortuna, el bloque lineal, más próximo a los postulados de la arquitectura del movimiento moderno, amplía su campo de actuación y ya se manifiesta en todo tipo de edificaciones, desde edificios públicos hasta edificios de viviendas, pasando por construcciones de uso industrial y hoteles. Pero, paradójicamente, al mismo tiempo que el fenómeno folklorista se generaliza, es cuando el panorama arquitectónico se ve enriquecido, más cualitativamente que no cuantitativamente, con las aportaciones de arquitectos de reconocido prestigio que empiezan a trabajar en Ibiza, junto con las de arquitectos en que todavía es evidente la influencia de la arquitectura popular, cada vez menos ibicenca y más mediterránea, como Raimon Torres y Henri Quillé. Hay ejemplos muy diferentes, como las casas diseñadas por el arquitecto norteamericano Constantin Wallace en la cala de San Vicente, o las muestras de una arquitectura muy diversa, en la que la influencia ibicenca quizá sólo se ve en la volumetría, es decir en la prevalencia de la forma sobre la exhibición de la construcción, al menos en una primera época en que se introducen pocos materiales nuevos, y en la que tal vez es más adecuado empezar a hablar de arquitectura hecha en Ibiza, más que de arquitectura ibicenca.

Como ejemplos de esta última tendencia se pueden mencionar las primeras obras realizadas en la urbanización de sa Roca Llisa por varios profesionales, como el equipo de Ballesteros, Cardenal y La Guardia, Franco Soro, Xavier Busquets, Vico Magistretti, etc.; los apartamentos Sa Palmera o las casas Regina y Van den Driesche de Elías Torres y J. A. Martínez Lapeña. Cada vez es más intensa la actividad de arquitectos catalanes, o al menos formados en la escuela de Barcelona. Sus obras, aunque teniendo en cuenta la diversidad, en general muestran una arquitectura muy elaborada, con una especial atención a la construcción y a la resolución del detalle, introduciendo nuevos materiales, aunque pocos, y, lo que es más importante, nuevos tratamientos de los materiales habituales.


Arquitectura Contemporánea (III)

En la década de los sesenta, el espectacular crecimiento de la industria turística marca el mayor cambio social, económico y cultural que han experimentado nunca las Pitiusas, y se inicia una fuerte actividad constructiva que modifica profundamente la estructura agrícola y paisajística de las islas, pero sobre todo de Ibiza.

Así, de entre ellos cabe destacar los equipos de Ballesteros, Cardenal y La Guardia, Federico Correa y A. Milán, Elías Torres y JA Martínez Lapeña, Bartomeu Mestre y Víctor Rahola, estos tres últimos especialmente vinculados a Ibiza. Destaca principalmente la obra realizada por el arquitecto ibicenco Elías Torres Tur, junto con su socio, J. A. Martínez Lapeña. Este equipo inicia su actividad profesional en Barcelona en 1968 y el conjunto de su obra ibicenca, comenzada en 1970, será, de entre la arquitectura contemporánea hecha en la isla de Ibiza, la más divulgada en el ámbito profesional, tanto nacional como internacional, y, junto con la de Erwin Broner, la más interesante, tanto ambas tienen de original como por su carácter innovador en su momento respectivo; en este sentido, tal vez es la de E. Torres y Martínez Lapeña la que más evoluciona.

En sus primeros proyectos, hechos entre 1970 y 1973, la conciencia del lugar se traduce en una volumetría rotunda, y en unos hábiles control y articulación de los diversos espacios, por pequeños que sean, sirviéndose de elementos ya utilizados en la arquitectura mediterránea, como los patios interiores, o bien otros más domésticos, pero haciendo un uso arquitectónico, como en el caso de las velas de la casa Van den Driesche.

Son precisamente recursos como éstos los que dan originalidad a su obra, que evoluciona desde la claridad volumétrica -e incluso planimètrica- inicial hasta la siempre bien controlada distorsión formal de la obra más reciente, aportando siempre algo de innovador en cada obra, bien sea el tratamiento de los muros de bloque de hormigón de la casa Boenders, o la utilización de recursos más bien pictóricos, como las puertas de la ferretería Torres Guasch.

Su labor profesional abarca todo tipo de obras. Son especialmente destacables sus intervenciones en obras de restauración de nuestro patrimonio histórico, como en el caso de la iglesia de L'Hospitalet, en Dalt Vila, o en el del Castillo de Ibiza, que si bien han sido motivo de fuerte polémica en el ámbito insular, han merecido el reconocimiento de la crítica especializada, como lo demuestra el hecho de que la restauración de la iglesia del Hospitalet fuera incluida en la puñado de arquitectura española, a Europalia, que se exhibió en Bruselas.

Al principio de los años ochenta comienza su actividad profesional en Ibiza un grupo de jóvenes arquitectos, muchos de ellos ibicencos, recién titulados en la escuela de Barcelona. Aunque tal vez es demasiado pronto para analizar sus obras, por otra parte difícilmente clasificables, su arquitectura no dista demasiado de la línea de otros arquitectos que los preceden, como V. Rahola y B. Maestro, que incluso han sido profesores suyos, y se puede afirmar que la voluntad de reforma de la propia disciplina profesional y el valor de la definición del proyecto como herramienta de trabajo imprescindible, serán dos constantes presentes ya desde los inicios de su actividad profesional, reflejos inmediatos de la formación recibida, y en este sentido es importado señalar que su estancia en la escuela de arquitectura de Barcelona coincide con la incorporación y recuperación de reconocidos profesionales como profesores: Oriol Bohigas, Rafael Moneo, Òscar Tusquets, etc., y con una actitud pedagógica que tiende a la elaboración artesanal de la arquitectura.

Salvo casos aislados, es en las actuaciones promovidas desde la administración donde se encuentran los mejores ejemplos de esta nueva generación, tal vez porque éstas representan un escenario de expresión más adecuado, ya que la promoción privada aún continúa demasiado ligada a los tópicos de la arquitectura de estilo ibicenco. Esta nueva actitud ante la profesión y la divulgación de la arquitectura de las islas mediante la revista DE A Balear de Arquitectura del Colegio Oficial de Arquitectos de Baleares, ya ha permitido que dos obras de estos jóvenes profesionales hayan sido seleccionadas para la 1ª Muestra de 10 años de arquitectura española (1980-90), caso de un edificio de Xavier Planas y José Torres, y para la II Bienal de arquitectura Española, caso del edificio para los servicios de la Consejería de Sanidad en Ibiza, los arquitectos Arantxa Basterra, Carles Llinàs y Òscar Canalís. Este último también es autor, como arquitecto del Consell Insular, de un conjunto de equipamientos (edificio polivalente, viviendas, guardería y hospital en el barrio de Cas Serres) en la que, además de introducirse materiales no muy habituales, se muestra un gusto especial por la resolución del detalle. Es destacable, en este caso, el mérito de haber conseguido un alto nivel de calidad en la arquitectura hecha desde la administración.

Ferran Marí Serra [FMS], Salvador Roig Planells [SRP]
Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera



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