Ibiza, Dalt Vila, Eivissa

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DALT VILA | Sa Penya | La Marina


Dalt Vila es el nombre popular con el que es conocida la parte alta del núcleo histórico de la ciudad de Ibiza, rodeada por las murallas de la segunda mitad del siglo XVI, que son un espléndido ejemplo de fortificación renacentista con baluartes y la única construcción urbana ibicenca de gran valor artístico y monumental internacionalmente reconocida, ya declarada (junto con la torre y el ábside de la catedral) monumento histórico-artístico nacional en 1942.

Este espacio urbano, que es todo amurallado, abarca unos setenta mil metros cuadrados, según los cálculos hechos por Antoni Costa Ramón en el libro La triple muralla de la Ibiza árabe.

Dentro del barrio de Dalt Vila destacan dos sectores bien diferenciados urbanísticamente. El primero, que ocupa la parte más alta del monte y desciende suavemente por la ladera occidental y noroccidental, corresponde a la evolución de la ciudad hasta la construcción de las murallas actuales. El segundo, extendido a levante de la villa medieval, es la ampliación que las seguras protecciones con baluartes hicieron posible.

El primer sector es, pues, el área urbana medieval, que queda conformada por la ciudad amurallada y el arrabal amurallado. La villa conserva en buena parte las torres y murallas del recinto medieval, hoy parcialmente visibles, sobre todo en la parte más elevada de la ciudad y en la calle de San José, donde, según la interpretación que Eduardo Posadas López hace del llamado plan del maestro Simón, se encontraba el límite inferior de la villa; a partir de ahí se desarrollaba el arrabal, la defensa era -en expresión de la arquitectura militar- la casa-muro, es decir, que la misma espalda de las casas constituía su protección, como se desprende de la informe de Calvi de enero de 1555: las casas de la villa son la misma muralla.

En el extremo occidental de la calle de San José, adherida a la muralla medieval pero exterior a ella, podemos ver una construcción en forma de torre de características claramente defensivas, por el grosor de sus muros, la forma de la cubierta y la disposición de las escasas y pequeñas aberturas, construcción que, siguiendo la opinión de Eduardo Posadas, que ha estudiado el sistema defensivo de Dalt Vila, tendría la función de refugio de la población del arrabal; señala también que podría tratarse de la llamada por Ruy González de Clavijo Torre de Avicena en la relación de la embajada del rey de Castilla en la corte del Gran Tamerlán en 1403.

Desde la primera mitad del siglo XVI el arrabal contó para su defensa con dos torres de base circular, entre las que, al pie del monte, se abría un foso.

El segundo sector de Dalt Vila es la villa nueva, nombre que se encuentra también en los documentos y hace referencia al desarrollo posterior a la construcción de las actuales murallas, desde finales del siglo XVI y hasta el siglo XIX y principios del XX .

Es de señalar que la ciudad amurallada ha ocupado, a lo largo de los casi tres milenios de existencia, el mismo emplazamiento en la colina que, por tal razón, es denominado Puig de Vila; éste queda prolongado por el monte de Santa Lucía -que mira al puerto y abre una nueva perspectiva urbana claramente hacia Levante-, y hacia poniente por Puig des Molins, con la extraordinaria necrópolis de la ciudad antigua.

Ibiza, que tiene carácter urbano desde su nacimiento como colonia, fue fundada por los fenicios, según la historiografía clásica hacia la mitad del siglo VII aC y se convirtió en un centro de importancia capital dentro del emporio cartaginés; pasó luego a ser parte del imperio romano, fue conquistada más tarde por los vándalos, recuperada por los bizantinos o romanos de Oriente, integrada posteriormente en el mundo islámico y devuelta al mundo cristiano en 1235.

La ciudad antigua, como después la villa medieval y moderna hasta finales del siglo XVIII, era escala clave en las comunicaciones mediterráneas, por su extraordinaria posición geoestratégica, por eso tenía como principal razón de ser la defensa del puerto. Así, en expresión de Bartomeu Escandell Bonet, la ciudad es un puerto alto, siempre vigilante; encumbrado a la cima de este monte (la cota superior del que sólo llega a los ochenta y un metros), pero que, bien destacado sobre la amplia bahía de Ibiza, cumplía a la perfección su misión protectora.

Y es esta característica urbana, con la ciudad construida en acrópolis fortificada y las casas en "arañazos" monte arriba, que dio la denominación de Dalt Vila, en tiempos recientes y desde la percepción de los pobladores de la Marina, que la veían claramente más elevada y la sentían un poco alejada.

El plano urbano refleja este emplazamiento alto y su carácter defensivo: en la cima del Puig de Vila, una ciudadela (la almudaina musulmana) que incluye en su perímetro el castillo, que queda separado del resto de aquella por una muralla -diafragma, unos espacios para la función directiva central y unas áreas de carácter residencial, comercial y cultural.

Las edificaciones se levantan a lo largo de unas calles que se disponen, de forma más o menos irregular, adaptándose a la pendiente de las curvas de nivel; los desniveles más fuertes quedan salvados casi verticalmente mediante calles en escalera.

La actual imagen del centro histórico amurallado se ha ido configurando desde la época medieval y renacentista.

El corazón de la villa es, hasta el siglo XIX, la plaza de sa Torreta (ahora de la Catedral), abierta entre el Castillo, la iglesia parroquial de Santa María, la Pabordia, la Universidad, la capilla del Salvador y la casa de la Curia, además de la lonja (espacio hoy ocupado parcialmente por el mirador); era el principal punto de encuentro ciudadano y lugar de grandes celebraciones públicas.

Todo este espacio, situado en la parte superior del Puig de Vila, centralizaba los diferentes poderes: político-administrativo, militar, religioso, judicial y económico, con el mercado, e incluía también un cementerio.

La estructura defensiva de la ciudad, organizada en tres recintos amurallados, había quedado conformada durante el dominio islámico y perduraría hasta la construcción en el siglo XVI de la actual fortificación con baluartes. A los musulmanes se debe también una fisonomía característica, que transforma la ciudad antigua: las casas, abiertas a patios interiores pero casi sin aberturas al exterior, quedan dispuestas en los bordes de un trazado viario de calles estrechas y tortuosas, a veces cerrados por ellas y convertidos en callejuelas y callejones sin salida; es la manifestación de una concepción urbana secreta e intimista que, por otra parte, se adapta perfectamente al clima mediterráneo, un trazado que parcialmente aún conserva el núcleo histórico.

La conquista catalana de 1235 aportó una nueva simbología de acuerdo con el mundo cristiano y occidental al que Ibiza quedaba integrada. Se levanta, así, la iglesia parroquial, dedicada a Santa María, en un lugar prominente en la cima del Puig de Vila: es la actual catedral , que conserva del gótico original del siglo XIV el ábside y la torre, así como los elementos decorativos de la puerta de la actual sacristía. La iglesia mira hacia el norte, en la ciudad y el puerto, y controla la vida urbana.

En cambio, lo que hoy llamamos castillo y que es en realidad un conglomerado de construcciones de muy diferentes épocas que llegan hasta tiempos recientes, mira hacia el sur, en el espacio marítimo entre Ibiza y Formentera, en desempeño de su misión defensiva frente a los ataques del exterior.

Con la adaptación a las nuevas condiciones marcadas por el paso del tiempo y las distintas culturas, mientras unos edificios cambiaban de función, se levantaron otros para atender nuevas necesidades; pero la disposición del plan urbano fue modificada sólo en detalle y mantuvo en buena parte la estructura islámica.

A pesar de la relativa pobreza arquitectónica en relación con otras ciudades, algunos edificios situados a lo largo de la calle Mayor presentan características singulares: son los que se sustentan sobre la muralla medieval, como las casas Gotarredona, del Canónigo, la casa Balansat, que flanquea sa Portella, la única puerta visible y en uso del recinto medieval; más abajo, can Llaudis, posteriormente conocida como Can Comasema -que debe ser sede del Museo Puget- llamó la atención de los viajeros del siglo XIX por la fina decoración de la ajimez que embellece la fachada. Ante ella, queda la casa Francolí.

Son también interesantes algunas viviendas de la calle de la Soledad así como la antigua casa del notario Narcís Puget, con la que pueden estar en probable relación la portezuela de Julián, nombre del notario que poseía la casa en la Edad Media, y la calle de s'Esvaïdor, también denominado posteriormente de Julián.

El Renacimiento dotará a Ibiza de su elemento urbano más destacado y la convertirá en una Real Fuerza gracias a las fuertes murallas con siete baluartes que le rodean y limitan claramente. El imperio hispánico se encontraba en ese momento a la defensiva en el Mediterráneo, frente a los ataques de los turcos, señores de Berbería y aliados del rey de Francia.

Las nuevas artes de la guerra, con el uso de armas de fuego, hacían inútiles las viejas murallas y peligraba la existencia de los ibicencos. Los nuevos muros fueron obra de la ingeniería italiana, la más avanzada del siglo XVI en arquitectura militar. Primero el milanés Giovanni Battista Calvi y después el también lombardo Jacobo Paleazzo, llamado el Fratín, legaron a la posteridad el diseño de fortaleza que rodea la acrópolis, que constituye el primer ejemplo de recinto urbano con baluartes construido en Europa y que sirvió de pauta para otras construcciones similares levantadas posteriormente por los dominios de la monarquía hispánica.

La entrada principal de la Real Fuerza, la monumental puerta del Mar, terminada en 1585, forma como un gran arco de triunfo culminado por el escudo de Felipe II, en homenaje a este rey que lo era entonces de todo el imperio hispánico y portugués, y lo señala como constructor de las murallas. Adjunto a la puerta se construyó el cuerpo de guardia principal de la villa.

La nueva fortificación tuvo importantes efectos para Ibiza desde el punto de vista de la geografía urbana. En primer lugar, el movimiento de grandes masas de materiales para el terraplenado de murallas y baluartes transformó el perfil de la ciudad medieval y la dotó de la perspectiva escalonada por la ladera este, donde destacan los baluartes de Santa Tecla y de Santa Lucía.

En segundo lugar, hizo posible la permanencia de la población existente al tiempo que era motivo de atracción de una inmigración, mano de obra necesaria para la realización de los trabajos.

En tercer lugar, el espacio urbano amurallado quedó muy ampliado, y llegó a duplicar su extensión; de esta manera proporcionaba un área intramuros para la expansión urbanística: sería la villa nueva, que se extendería entre los límites orientales de la villa medieval y el acantilado que cae por levante sobre el mar.

Por otra parte, al quedar protegidos el monte de Santa Lucía y el puerto a sus pies, las nuevas murallas hicieron también posible el crecimiento del núcleo portuario, lo que canalizó el crecimiento del arrabal extramuros por el plan de la Marina.

La arquitectura de la villa nueva se verá enriquecida con la aparición de nuevos centros religiosos a lo largo de los siglos XVI y XVII: son el Convento de dominicos (actual sede del Ayuntamiento) y la casa de la Compañía de Jesús, adaptada como Seminario en el siglo XVIII, y al final del siglo XX convertida en viviendas en una nueva función residencial; en la actual calle de San Ciriaco se construyó el convento de clausura de las monjas, de la orden de las canongeses de Sant Agustí, con iglesia dedicada a San Cristóbal (el actual es, sin embargo, un edificio moderno). Poco más arriba se encuentra la capilla dedicada a San Ciriaco, en el lugar cercano donde se supone que se encontraba la portezuela de Julián, hasta donde llegaba la procesión cívica que cada año el ocho de agosto rememoraba la entrada de los cristianos en 1235.

En el siglo XVIII el revisionismo mediterráneo, a fin de recuperar territorios perdidos en la guerra de Sucesión, marca la política exterior de los Borbones y conlleva nuevas construcciones militares, siguiendo el proyecto del francés Simon Poulet; en la ciudadela consisten en unos cuarteles para un batallón de infantería, con un pabellón para oficiales y una capilla dedicada a San Antonio Abad, y el baluarte de San Juan se levanta un almacén para pertrechos de guerra y una sala de armas encima (instalaciones hoy ocupadas por el Museo de Arte Contemporáneo (MAC).

Por gracia de Carlos III, Ibiza recibe el 1782 el título de ciudad, denominación aplicada sólo al sector amurallado, como paso previo para la concesión del obispado, los primeros titulares fueron ilustrados, en línea de colaboración con la nueva actitud del monarca, además de señores temporales de las tres cuartas partes de las Pitiusas, ya que la Iglesia de Tarragona les tuvo que ceder la herencia de Guillem de Montgrí.

Las reformas ilustradas de finales del siglo XVIII comportan ciertas intervenciones urbanísticas modernizadoras, que modificaron el espacio de sa Carrossa, empedrar las calles y rotulado de la casi totalidad de las vías públicas.

El obispo hizo construir en la calle de la Soledad un hospicio, después hospital, el Hospital Viejo, y como el antiguo hospital de pobres estaba arruinado, hizo levantar uno nuevo, cerca del edificio conocido como el Hospitalet , restaurado por el arquitecto Elías Torres.

Como viviendas privadas de carácter singular destacan can Botino, después can Montero, construido a finales del siglo XVI por la familia italiana Fonne, con la entrada principal por la calle de Santa María, y ca ses Llaneres, actualmente sede de la Demarcación en Ibiza y Formentera del Colegio Oficial de Arquitectos de Baleares; ambas tienen fachada a la calle de Pere Tur y, con el más moderno edificio Fajarnés Cardona (de 1905), se encuentran próximas al nuevo centro político-que se creó el siglo XIX en el antiguo convento de los dominicos, afectado por la desamortización de Mendizábal de 1835.

El Convent, convertido en bien nacional, quedaba reservado para edificio público y se instalaron el Ayuntamiento y otras instancias administrativas.

De este modo, el régimen liberal había propiciado el desplazamiento del centro urbano, a la vez consecuencia y manifestación de la reducción de la importancia política de la iglesia. El nuevo lugar de encuentro de la vida popular urbana intramuros de la Real Fuerza, pasó a la plaza de Vila.

Sin embargo, desde finales del siglo XIX ya lo largo de toda la primera mitad del XX, Dalt Vila quedó anclada en el pasado hasta que el impacto del turismo desde los años sesenta la revalorizó como ámbito cultural y la readaptó como espacio de ocio y residencial.

Dalt Vila es habitada por un millar de personas, proporción ínfima respecto del total de la población urbana, pero las características socioeconómicas de la ciudad amurallada han conservado un rasgo tradicional que la diferencia de otros núcleos históricos: unas pocas familias de gran prestigio social e influencia, con elevado poder adquisitivo, han mantenido su residencia y han sido decisivas en el proceso de recuperación del barrio, tanto desde el punto de vista cultural como urbanístico; han sido muy activas sobre todo desde la creación, en 1981, de la Asociación de Vecinos de Dalt Vila, impulsada por el mecenas Lluís Llobet Tur, presidente desde la fundación y a quien se debe también el primer intento para conseguir la inclusión de Eivisssa en el Patrimonio Histórico Europeo y el título de Patrimonio de la Humanidad, con gestiones realizadas en 1986 ante el Consejo de Europa y de la Unesco.

El área más degradada, el sector noroccidental del Puig de Vila, que había sido siempre ámbito de las clases populares, ha visto la instalación de una colonia gitana bien integrada en la comunidad; se concentra al abrigo de la plaza del Sol y hasta la plaza del Regent Gotarredona, cuenta entre sus miembros algunos artistas destacados y en su seno se ha formado la comunidad cristiana evangélica Iglesia de Filadelfia.

Este sector se encuentra también revalorizado para disfrute de turistas y residentes, en especial la plaza de Vila, la calle de la Santa Cruz y la misma plaza del Sol.

El Plan Especial de Protección y Reforma Interior (PEPRI), ha iniciado ciertas intervenciones urbanísticas y arquitectónicas para conservar el conjunto amurallado y dinamizar la vida de este núcleo histórico, único en el Mediterráneo; las actuaciones más importantes han sido la construcción de un paseo perimetral por el camino de ronda de las murallas, la llamada ronda de Calvi, que recorre todo el sector occidental hasta la catedral; asimismo, las excavaciones en este terraplén de poniente han permitido el estudio del sistema constructivo de las murallas renacentistas y han dejado al descubierto un sector de la muralla medieval, que hace de contramuralla, con una torre albarrana adjunta, la barbacana de los documentos medievales y posiblemente la llamada torre de Bernat Espinalp, que protegía un acceso a la villa amurallada por donde, según la leyenda, entraron los cristianos, probablemente la portezuela de Julián.

Finalmente y gracias al apoyo de las entidades oficiales, Ibiza ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 1999, y lo ha sido fundamentalmente por los valores culturales y únicos reunidos en Dalt Vila.

La declaración incluye todo el casco histórico, con el recinto amurallado y la Marina, se Soto, sus bancales, el Puig des Molins, las Salinas, el yacimiento fenicio de sa Caleta y las praderas de posidonia entre Ibiza y Formentera.

Rosa Vallès Costa [RVC]
Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera



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